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El Catalán Opinión

Ante la elección de Joaquim Torra i Pla como presidente de la Generalidad de Cataluña

Por ASEC / ASIC
martes, 15 de mayo de 2018
en Opinión
4 mins read
 

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Comunicado ASEC/ASIC (Asamblea Social de la Izquierda de Cataluña): Ante la elección de Joaquim Torra i Pla como presidente de la Generalidad de Cataluña.

Ante la elección de Joaquim Torra i Pla como presidente de la Generalidad de Cataluña. La elección de Joaquim (Quim) Torra como presidente en un hecho significativo por cuanto, de una parte, constituye el desenlace previsible de una lógica política activada en el pasado y, de otra, predice una secuencia perversa de acontecimientos en el futuro.

La decisión del Parlament da pie para formular unas consideraciones necesarias para la orientación de la acción política desde posiciones cívicas progresistas.

La elección de un presidente con este perfil pone en evidencia la supuesta excelencia democrática del procés. Lejos de la transversalidad, el civismo, la dirección de abajo arriba y otros epítetos nobles, el secesionismo ha apoyado a una figura caracterizada por posiciones de xenofobia y supremacismo étnico propias del ultrapopulismo y los discursos de odio.

Si el nacionalismo ha oscilado entre posiciones posibilistas y maximalistas, la deriva que expresa esta elección es el resultado esperable de una estrategia de ruptura inherente a las movilizaciones de tipo identitario. La constante más saliente de los años del procés es la progresión acelerada de la fractura de la sociedad catalana. Un daño difícilmente evaluable y cuya reparación requerirá, cuando haya concluido la secuencia de destrucción, tiempo y recursos.

La polarización social articulada sobre la dimensión identitaria ha sido especialmente perjudicial para las organizaciones y movimientos sociales de la sociedad civil así como para el segmento político de la izquierda, como muestran persistentemente los resultados electorales.

La invocación del posibilismo de las dos almas ha acabado a la postre escorada hacia la orilla de “un sol poble”. El señuelo demagógico ha seducido a una parte de la izquierda mediante la cooptación de las cúpulas de algunas de sus organizaciones representativas.

Buena parte de la izquierda, en Cataluña y en España, permanece atrapada en el embrujo identitario hasta el punto de identificar la radicalidad con las demandas etnoterritoriales de unas instituciones propias, una reivindicación contraria al universalismo e internacionalismo que siempre ha caracterizado la cultura política tanto de la izquierda como de las organizaciones inspiradas en un concepto de ciudadanía sustentado en el constitucionalismo democrático y social.

Las invocaciones a la democracia han quedado palmariamente desautorizadas. Ni este ni el anterior presidente lo fueron como resultado de la voluntad popular, sino de la decisión personal de un líder. El actual será además un delegado teledirigido desde el exterior, una situación inédita en los contextos democráticos de referencia.

La elección de este presidente es una meta volante en la carrera hacia el precipicio y hace verdadera esa premisa pesimista de que todo es susceptible de empeorar. El cúmulo de noticias diarias vinculadas al procés impide, para una parte de la población, ver la trayectoria hacia el desastre que jalonan las metas volantes. A los fundamentalistas identitarios las convicciones les impiden la visión y siguen a ciegas la máxima de que el fin justifica los medios y los daños.

Este pensamiento grupal, una suerte de burbuja cognitiva de los verdaderos creyentes, da cuenta del carácter imprevisible e incontrolado de los acontecimientos venideros. Los actores son víctimas de su propia lógica y de la competencia por la radicalización entre ellos alimentada a medias por la testosterona y el misticismo.

El victimismo es la tinta de calamar capaz de justificar todas las ilusiones, todas las imposturas y todos los atropellos. La historia de los nacionalismos del siglo XX lo prueba de forma abrumadora.

El actual presidente fue quien se refirió al Born como la “zona cero” de los catalanes. La rotunda falsedad de la frase puede entenderse acaso como una profecía autocumplida si se permite que la agenda política se acomode a las concepciones expresadas por Q. Torra con anterioridad y a las intenciones intercaladas en sus primeros discursos oficiales.

Instalados los líderes secesionistas en este curso de lo que puede denominarse una provisionalidad degenerativa, las previsiones no pueden ser más oscuras. Pero este diagnóstico no debe servir de excusa para la el fatalismo o la inhibición. Más bien al revés, un acicate para la movilización de aquellos sectores de la sociedad que se reconocen en las aspiraciones de la igualdad y la ciudadanía, sin acepción de colores o pertenencias.

Desde nuestra organización denunciamos la secuencia política nefasta de patrimonialización de las instituciones y fracturación social seguida por el independentismo y hacemos una llamada a la conciencia ciudadana para que se organice y una sus fuerzas con objeto de hacer frente a la devastación social que promete la nueva etapa del procés.

En cualquier caso, quienes no participamos de los mitos y las ilusiones del secesionismo somos por lo menos la mitad de la sociedad catalana y por eso nos asiste la legitimidad para reclamar y la responsabilidad de proponer otra política para todas y todos sin exclusiones; que huya del supremacismo y de la xenofobia, que profundice en las relaciones con el resto de españoles en la búsqueda de la unidad de las clases trabajadoras y populares que garantice el mínimo bienestar social imprescindible para vivir con dignidad.

Queremos acabar señalando que Torra afirmó que “fuera del hecho nacional no hay vida” (El País, 11/01/2015). Es una visión difícil de sostener, porque como afirma Richard Sennet: “Cuanto más estrecha sea la esfera de acción de una comunidad formada por la personalidad colectiva, más destructiva se vuelve la experiencia del sentimiento fraterno” (Richard Sennet, El declive del hombre público, Barcelona, Península, 1977, p. 329)

NOTA.- La foto que ilustra el Comunicado corresponde a una imagen de TV3, el principal canal de la televisión pública de Cataluña, la cual emitió a la vez la imagen de Torra en el Parlament, en el debate de investidura (14.05.2018), y la de Puigdemont, ex presidente de la Generalidad, prófugo de la justicia española en Berlín (Alemania).

 

TV3, el tamborilero del Bruc del procés

Sergio Fidalgo relata en el libro 'TV3, el tamborilero del Bruc del procés' como a los sones del 'tambor' de la tele de la Generalitat muchos catalanes hacen piña alrededor de los líderes separatistas y compran todo su argumentario. Jordi Cañas, Regina Farré, Joan Ferran, Teresa Freixes, Joan López Alegre, Ferran Monegal, Julia Moreno, David Pérez, Xavier Rius y Daniel Sirera dan su visión sobre un medio que debería ser un servicio público, pero que se ha convertido en una herramienta de propaganda que ignora a más de la mitad de Cataluña. En este enlace de Amazon pueden comprar el libro.

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Etiquetas: ASECASICinvestiduraQuim Torra
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