Los de Plataforma por la Lengua se dedicaron a espiar «de incógnito» en los patios de los colegios en qué lengua hablaban los niños y los maestros. Solo les hubiera faltado decir «nen, nen vols un caramelet?» para ver cómo contestaban, y dar la golosina, o no, según el idioma de respuesta del chaval.
Es indecente que una asociación así, dedicada a atizar el totalitarismo lingüístico, reciba subvenciones públicas de casi todas las administraciones. Su obsesión por erradicar el castellano de la vida pública atenta contra los derechos lingüísticos de millones de ciudadanos catalanes.
Bajo la excusa de la defensa del catalán, intentan minimizar el uso social del castellano en nuestra comunidad autónoma. Y lo hacen de manera agresiva, incitando a la presentación de denuncias ante la Generalitat, y presionando a comerciantes para que acepten sus objetivos, si no quieren verse señalados.
Plataforma por la Lengua es una entidad secesionista que dificulta la buena convivencia entre los catalanes. Y así debería ser tratada por las administraciones públicas.
Comentario editorial de elCatalán.es
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