A los 50 años de la RA II. Santiago Genovés, los aimara y Thor Heyerdahl

RA II a su llegada a Barbados. Foto: archivo José Luis Vergara

A finales de junio, en el año 1970, un grupo de hombres embarcados en una balsa de papiro de 15 metros de eslora y 6 metros de manga, impulsados por los vientos alisios y la corriente del golfo, estaban cruzando el Atlántico con rumbo a Barbados. El año anterior y en fechas parecidas, una balsa similar se hundía poco a poco cerca de Barbados, era la RA I.

Después de varios días de búsqueda infructuosa por los servicios de salvamento de varios países de la zona, André Burg, esposa de Santiago Genovés, insistió en seguir buscando y al segundo día desde una avioneta avistaron la embarcación, en buena parte sumergida y los tripulantes con el agua hasta las rodillas maniobrando para alargar el tiempo de flotación a la espera de un rescate sumamente difícil, rehaciendo amarres de las gavillas de papiro y eliminando todos los elementos de peso de a bordo.

Los aparatos de navegación de la época no tenían las utilidades posteriores, las radios tenían menos potencia y sin el generador, ya perdido en el agua, sus baterías no podían recargarse. Entonces no existían balizas de geolocalización por satélite como las actuales de dotación que son obligatorias en cualquier barco en alta mar.

La situación crítica se hacía más insostenible porque continuamente estaban asediados por tiburones, lo que hacía sumamente peligrosas las maniobras y trabajos. Salvaron su vida por la tozudez de André que exigió continuar con la búsqueda que algunos países ya habían abandonado.

Santiago Genovés y Thor Heyerdahl con los Aymara construyendo la RA II en Safi, Marruecos. Foto: archivo José Luis Vergara

Un año después una nueva balsa, la RA II, igualmente comandada por el impulsor de la aventura, el noruego Thor Heyerdahl, se construía, casi clandestinamente en Safi, ciudad costera de marruecos al sur de Casablanca.

En esta ocasión la construcción la realizaron un grupo de cinco aimaras de los que vivían en el lago Titicaca al sur de Perú, en la frontera con Bolivia. Fue Santiago Genovés Tarazaga, antropólogo nacido en España, exiliado siendo un joven de 17 años con sus padres al final de la guerra[1] (1939) y nacionalizado mexicano, que se trasladó meses antes y habló con algunos de ellos proponiéndoles que le ayudasen a construir la balsa.

En las riberas del lago Titicaca se daba una planta similar al papiro de Egipto, llamada Totora. Con ellas, ancestralmente, los nativos construían unas pequeñas embarcaciones con las que pescaban. Hacían gavillas de los tallos de la planta y luego ataban una con otras hasta dar forma a las pequeñas embarcaciones con la proa y la popa levantada para su refuerzo. Santiago Genovés se pasó unos días con ellos viendo como trabajaban, les enseñó unos dibujos y fotos de la balsa RA I que se construyó en Egipto al lado de las pirámides de Gizeh y de cómo se había partido provocando su naufragio.

Consultó con ellos si se creían capaces de hacer una similar a lo que contestaron afirmativamente, luego les propuso trasladarse unos meses mas tarde a Marruecos, desde La Paz lo que aceptaron y acordaron esperar su aviso. Santiago, conociendo sus costumbres, se fotografió con ellos a modo de testimonio del acuerdo.

Tarjeta y trozo de totora firmado por todos los participantes regalo al autor por Santiago Genovés. Foto: archivo José Luis Vergara

Meses después fue a verlos y les propuso ya la fecha de viaje, como algunos de ellos se mostraron renuentes, realmente ninguno había salido de las aldeas ribereñas y el viaje a un lugar lejano y desconocido les impresionaba, les enseñó las fotografías recordándoles su acuerdo e inmediatamente accedieron a viajar todos.

Las fotos significaban el testimonio de su aceptación del trato hecho anteriormente. Para aquellos indígenas y magníficas personas, tomar un avión cruzar el Atlántico ir a un país como Marruecos y trabajar un tiempo allí se convirtió en la aventura de su vida.

Días después en un almacén de Safi, cedido por el gobierno marroquí, comenzaron a trabajar con las quince toneladas de papiro proveniente de Egipto que se habían trasladado hasta allí. Genovés y Heyerdahl se instalaron antes que el resto de los tripulantes y cuidaron fundamentalmente de la construcción solucionando con los aimara y por su experiencia, diferentes problemas.

La flotabilidad no presentaba retos importantes, más allá del adecuado secado de los tallos de las plantas y cuidar durante la travesía de los animales, crustáceos especialmente, que se adherían a ellas y haberse hecho la recolección del papiro en tiempo oportuno.

RA II en travesía. Foto: archivo José Luis Vergara

Si lo era fijar los mástiles que soportarían la vela y la fijación de los timones que suponían un notable esfuerzo de diseño y creatividad para que el buque no sufriera, como ocurrió con la primera balsa que, a medio camino comenzó a deshacerse y finalmente a quebrarse por la base apoyo de los mástiles a la cubierta y la base de la balsa.

El resultado final fue una balsa con algo menos de eslora y similar manga y anclaje de mástiles y palas del timón algo diferentes que la anterior y diferente forma de sujeción de proa y popa. La vela trapezoidal era similar y estaba prevista para vientos portantes por lo que no tenía gran giro y no podía tomar viento de través o frontal.

A principios de mayo la balsa quedó construida y pronto fue trasladada al puerto de Safi donde estuvo unos días comprobando su flotabilidad y probando y reforzando algunos de las partes con nuevas ataduras de las gavillas. Esta segunda RA finalmente fue arrastrada con gran cuidado, unas pocas millas mar adentro, hasta la corriente que hacia el sur acaricia la costa de Marruecos y luego gira hacia Cabo Verde y el Caribe.

Fueron en esta segunda travesía los mismos tripulantes, el noruego Thor Heyerdahl, el hispano-mexicano Santiago Genovés, el estadounidense Norman Baker, el italiano Carlo Mauri, el ruso Yuri Senkevich, el egipcio Georges Sourial, el japones Kei Ohara y el marroquí Air Ouhanni que sustituyó al chadiano Abdullah Djibrine que participó en la primera expedición.

Santiago Genovés en la RA II en construcción. Foto: archivo José Luis Vergara

El 12 de julio, finalmente, después de casi dos meses de navegación, llegaron a Barbados como se habían propuesto en estas travesías.

Heyerdahl pretendía aportar pruebas a la posibilidad de contactos antiguos entre África y América donde él había observado se daban ritos y construcciones que tenían cierta similitud, caso de los enterramientos, algunos aspectos de la construcción de pirámides y otros indicios arqueológicos.

La colaboración de Genovés y la impagable sabiduría y capacidad constructora de los aimaras había hecho posible que el proyecto RA tuviera éxito en el segundo intento.

Por otro lado, la convivencia de personas de culturas diversas y proveniente de países muy dispares, permitió a Santiago Genovés hacer unos limitados estudios de comportamiento humano, durante las dos travesías y pergeñar la idea de la gran aventura posterior en 1973, cuando organizó la expedición de la balsa ACALI en la que embarcaron seis mujeres y cinco hombres, durante más de 100 días, desde Las Palmas en España hasta Cozumel en el sur de México, como experimento del comportamiento humano en un lugar aislado en medio del mar sin posibilidad de abandono.

José Luis Vergara. Julio 2020

[1] Santiago Genovés, nacido en Orense el último día del año de 1923, era hijo de un alto funcionario de Correos que al final de la Guerra estaba en la dirección del servicio en Valencia, su madre fue profesora de la Institución Libre de Enseñanza. Estudió antropología en México (UNAM) y en Cambridge. Falleció en México en 2013. Participó en RA I y RA II, años después impulsó y realizó el Experimento Acali.

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