2017, balance de un año de discordia

Estamos concluyendo el año 2017. Año que sin duda alguna ha sido decisivo para la historia de Cataluña y para la del resto de España.

Con la mirada retrospectiva que nos permite realizar una visión histórica de la democracia española, constatamos sin ningún género de dudas, que las dos grandes amenazas sufridas y superadas, han sido el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, y la intentona golpista de proclamación de la República catalana, en la que se ha pretendido burdamente solapar la legalidad constitucional, con una supuesta legalidad parlamentaria catalana.

La fallida proclamación de la República catalana, pronunciada en el Parlament de Catalunya el pasado día 27 de octubre, revistió una gravedad muy superior a las proclamas de Maciá y de Companys, que se limitaron a pronunciar sendos discursos, en los que se promulgaba la República catalana o el Estado catalán, dentro de la República española. Sin embargo lo que ocurrió el día 27 de octubre supuso una ruptura total, refrendada por una forzada votación en sede parlamentaria.

El acto de proclamación de la independencia en el Parlament de Catalunya, supuso una temeridad política, que acabó con la aplicación del articulo 155 de la Constitución, que garantizó la vuelta a la normalidad democrática, puso orden en la finanzas de la Generalitat, regulando el gasto incontrolado del dinero público, evitó nuevos casos de corrupción, y creó los cauces para la celebración de unas elecciones autonómicas el día 21 de diciembre. Elecciones en las que ha resultado vencedor un partido político que respeta la legalidad, y en las que se ha demostrado con la contabilización del número de votos, que la mayoría de los catalanes han votado a favor de Partidos políticos constitucionalistas.

Después del 23-F se han escrito numerosos libros que describen lo acontecido en aquellos días previos al golpe, y sin duda en un futuro próximo van a aparecer obras de diversos autores, que describirán los entresijos de la trama golpista que urdieron los partidos y las asociaciones independentistas. Sobre todo la actuación de algunos jefes policiales, que dieron una doble puñalada “trapera”, tanto a las autoridades del Estado central destacadas en Cataluña, que esperaban de los Mossos de Escuadra, actuaciones que impidiesen la celebración del referéndum ilegal del 1 de octubre, como al propio presidente de la Generalitat, que contaba con el apoyo incondicional de su policía, para blindar a la recién creada República.

En todo este proceso de fractura, no sólo de la legalidad española, sino de la propia sociedad catalana -que se ha visto innecesariamente involucrada en un conflicto que ha fragmentado amistades y familias- los políticos separatistas han cometido el fatídico error de confundir al Gobierno con el Estado. Por ello no han sido capaces de dilucidar que mofarse del Gobierno de España, como han venido haciendo durante los últimos treinta años, no es lo mismo que intentar burlar al Estado. Porque si bien el Gobierno es la simple proyección institucional de un partido político que ejerce el poder, el Estado entre otras muchas cosas, es el poder judicial, con sus órganos coercitivos de las fuerzas de seguridad, la Fiscalía, el Tribunal de Cuentas, etc.

El pueblo catalán ha sido la víctima del proceso separatista acaecido en este año que ahora termina. Los catalanes hemos visto como nuestras entidades bancarias, en las que depositamos nuestros ahorros, se han ido a otras Comunidades Autónomas. Más de tres mil empresas, algunas de ellas las más emblemáticas, trasladaban sus sedes sociales. Se atacaba al turismo, que es la mayor fuente de ingresos de Cataluña. Pequeños colectivos paralizaban las principales vías de comunicación en una huelga general el 3 de octubre, que la inmensa mayoría de los catalanes no querían secundar. Se expoliaban las arcas públicas de una Generalitat que ya estaba en quiebra técnica, para financiar todo lo relacionado con el “procés”.

Finalmente los catalanes han dicho “prou”, y este hartazgo desembocó los días 8 y 29 de octubre, en la celebración de las dos manifestaciones más multitudinarias que se recuerdan en la ciudad de Barcelona, muy superiores en número a las celebradas por la ANC y Òmnium cultural.

El futuro que va a empezar ahora con el año 2018 se presenta incierto, pero los políticos separatistas por lo menos ya saben que si se salen del guión democrático, el artículo 155 ya ha demostrado su eficacia y su idoneidad para este tipo de situaciones anómalas, pero además si transgreden la legalidad, sus compañeros de Partido ya les pueden explicar las excelencias de Soto del Real o de Estremera.

En el año 2017, el PDeCat, ERC, la CUP, la ANC y Òmnium cultural, han puesto las cartas boca arriba enseñándonos su juego, en una partida fatal y decisoria que ha ganado, como no podía ser de otra forma, el Estado, que siempre se reserva sus cuatro ases: la Constitución, los Tribunales de Justicia, las Fuerzas de Seguridad y el apoyo popular.

no recibe subvenciones de la Generalitat de Catalunya ni de otros organismos públicos.
Si quieres leer nuestras noticias necesitamos tu apoyo.

DONA

Recibe las noticias de elCatalán.es en tu correo