Ante lo dESPÓTico, le propongo algo distópico: imagine un partido que exigiendo mayores derechos sólo para hombres accede al Gobierno habiendo conformado mayoría en coalición. Sin mayoría cualificada suficiente no puede reformar la Constitución para recoger tal desigualdad así que, alentando el orgullo machote, dispone urnas ‘democráticas’ para hombres. Con el resultado, alegan el sacrosanto derecho a decidir amparándose en que la democracia prevalece ante la ley para deslegitimar a quienes pretenden defenderse en un Estado de Derecho. ‘Voilà’. Un cuento de la criada.
Esta clara aberración es considerada progresista por algunos cuando, en lugar del género, circunscriben el derecho al territorio hablando de autodeterminación y disfrazando un privilegio de libertad. Y es que la caja negra del populismo transmuta la democracia en totalitarismo a golpe de urna como atestiguó Alemania en 1932.
Hace un par de años, me invitaron a un pseudodebate televisivo sobre la independencia. Un contertulio independentista, famoso por orquestar pitadas al Himno en la Copa del Rey, esgrimía su derecho a decidir alentado por un presentador divo tombolero y cotilla de confesionario, violentando a un público afrentado en su sentimiento patriótico. Vaticinaba que, siendo inevitable la independencia, debíamos ir asumiéndola. Todo seguía su previsto guion desprovisto de argumentos y revestido de provocación hasta que, como economista catalán formado en la Universitat Pompeu Fabra, desnudé sus débiles posiciones con argumentos, sin soflamas sentimentales patrióticas, que recogí en un artículo denominado “Junqueras en el país de las maravillas”. Al finalizar, más molesto por romper sus esquemas que sus posiciones me espetó: “Però tú ets de la Pompeu; jo sé com tú penses” y se despidió con un “Que tinguis sort… a Múrcia”.
Sus dos frases fueron perfecto resumen del pensamiento retrógrado que esconde la estelada. Primero, no toleran el pensamiento crítico y menos de alguien “criado” en una institución educativa catalana. Segundo, se arrogan repartir carnets de buen catalán anatemizando al discordante y deseando su suerte fuera de la tribu. Bajo la apariencia liberal del derecho a decidir se esconde su perversa prerrogativa de determinar quiénes tienen ese derecho. Decidiendo sobre una parte de España, secuestran el derecho del resto de igual forma que, en la distopía, privan del derecho a decidir de las mujeres.
En este juicio de “El procés” que resulta contrakafkiano, pues los acusados sabedores de su delito buscan deslegitimar el sistema judicial, disfrazarán de democracia, libertad y modernidad lo que en realidad tiende al totalitarismo, al privilegio y a lo decimonónico. Por eso necesitan relatores presentes que reescriban el pasado para controlar un futuro ‘orweliano’ dESPÓTico. Al menos, disfrutemos del guiño no pretendido al coincidir con el cumpleaños de Sabina pues la DUI duró lo que duran dos peces de hielo en un whisky ‘on the rocks’ aunque hay quienes tardarán en aprender a olvidarla 19 días y 500 noches.
César Nebot
(Artículo publicado en La Verdad)
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