El Espanyol femenino, a pesar de la desinversión en los últimos quince años, sigue siendo el segundo más laureado del palmarés de la Copa de la Reina, con seis títulos y cuatro finales. Hasta el 2010 el balance entre pericas y culés era de cinco copas blanquiazules por una azulgrana. Luego la historia cambió y el Barça se convirtió en la actual potencia mundial que es, mientras las pericas se fueron diluyendo por culpa de la precariedad económica de la sección.
Tenemos mucho que reivindicar, porque cuando el todopoderoso Barça pasaba del fútbol femenino el Espanyol era de los clubes pioneros más potentes de la liga española. Éramos el orgullo del fútbol femenino catalán y uno de los equipos al que las jugadoras radicadas en nuestro país querían venir. Durante bastantes años se hicieron las cosas bien, y se consiguieron patrocinadores potentes, y vivimos una época durada.
Después llegó la decadencia perica, y los descensos. La actual entrenadora, Sara Monforte, ha conseguido estabilizar al club en la Liga F y ahora toca, de una vez, dar un salto de calidad para aspirar a jugar en Europa y, como mínimo, tener alguna posibilidad de llegar a las semifinales o la final de la Copa. Queda claro que mientras el Barça siga manteniendo una hegemonía tan brutal será muy difícil ganarla de nuevo, pero al menos que tengamos alguna posibilidad.
Sin un presupuesto decente que permita reforzar la plantilla seguiremos condenados a luchar por la permanencia. No se trata de tirar la casa por la ventana, pero si que hemos de ir recuperando, poco a poco, la ambición como club pionero que somos del fútbol femenino español. Seis copas y cuatro finales nos contemplan, ya toca ir a por la onceava final y que miles de pericos puedan viajar para disfrutar de un partido así.
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