Y al salir cierre la puerta, señoría

La frase que sirve de título del presente artículo es lapidaria, después de acusar a un parlamentario, de un grupo de las Cortes Españolas, de pretender y pedir un golpe de estado en España. El autor no tuvo edad para vivir en la dictadura que sufrió España desde 1939 hasta 1978, cuando formalmente quedó eliminada, ya que aún no había nacido. Lo hizo meses después de la proclamación de la Constitución española. Ahora es vicepresidente del gobierno y dijo dicha frase en la Comisión para la reconstrucción. Mayor disparate, imposible.

Al oírla en televisión inmediatamente pensé en la anécdota que amigos exiliados uruguayos, que huían del golpe de Estado y posterior cruel dictadura en su país en 1973, me explicaron. En el puerto de Montevideo, soltadas las amarras de un buque atestado de pasajeros hacia otros países, alguien despliega en su costado una pancarta con lacónico texto: “El último que cierre la luz”.

Quizás Pablo Iglesias conozca la anécdota. Quizás piense en reservarla para cuando, acusados de todo desmán todos los demás, solo se quede con sus seguidores. El último en salir, o ser empujado a salir, que apague la luz. Los golpes contra la democracia esquivan la claridad y opacan sus acciones. Una frase que puede entenderse de dos maneras, como los “orientales”, los uruguayos la convirtieron en fúnebre despedida de la democracia, ahora un vicepresidente del gobierno pretende su perversión, lo que significaría su fin.

Nos tienen distraídos. Cayetana Álvarez de Toledo hizo una intervención en sede parlamentaria, que dejando por un momento las antiparras de la visión sectaria, fue impecable y merecería una contestación argumentada por parte del recipiendario de tal formidable señalamiento. Ante la suma de verdades basadas en pronunciamientos o hechos del vicepresidente, este pretendió responder escabulléndose, cual malcriado impotente, llamándola marquesa reiteradamente. Sí, es marquesa, pero, ¿acaso era eso lo que se discutía? Parece que no.

Como apareció la genealogía por medio, la respuesta en clave genealógica obviamente, la portavoz popular dirigió al vicepresidente un recordatorio de sus reiteradas celebraciones de su padre en cuanto miembro del FRAP, recuerdo aciago de unos terroristas.

No me gustan estos debates donde lo sustantivo, los datos, las críticas por actuaciones, son sustituidas por alusiones que mejor deberíamos evitar, pero como he dicho que me gustan los datos, aquí unos:

Juan Antonio Fernández Gutiérrez, Francisco Jesús Anguas Barragán, Lucio Rodríguez Martín, Antonio Pose Rodríguez, Juan Ruiz Muñoz, Diego del Río Martín.[1]

Todos están muertos, todos fueron asesinados entre 1973 y 1975, todos los asesinos eran miembros del FRAP, a tres de ellos los mataron en Barcelona y a tres en Madrid. Todos eran funcionarios públicos, cinco de la Policía, uno de la Guardia civil. Todos los partidos condenaban entonces y desde hacia muchos años, la practicas del terror. En la lucha por las libertades nadie que fuera demócrata de sentimiento apoyaba este terror.

Solo lo apoyaban los que odiaban, los que se creían con derecho a disponer de la vida de otros para cobardemente descerrajar un tiro por su espalda o destrozar con una bomba, FRAP, ETA, GRAPO, TERRA LLIURE, terroristas, luchadores de mierda, verdugos autocomplacidos, la hez de la sociedad, ellos, los que les daban apoyo, los que aún ahora pretenden que aportaron algo útil.

Los que han dejado miedos, dolor inacabable, irredentos fascistas defensores de sus asesinatos y una sociedad herida que cuando parece algo se cura, siempre unos nuevos miserables hurgan en las heridas y con la ponzoña de sus palabras que vuelve a infectarlas. Conviene no olvidar que, asqueados por la maldad de ellos, como demócratas y contrarios a la pena de muerte, nos opusimos a la ejecución de algunos de esos asesinos. Conviene recordarlo porque ellos, sus defensores, obvian a las víctimas y la actitud ética de muchos que, repeliendo sus actos criminales, nos rebelamos contra su ajusticiamiento.

A veces pienso en los miles de los muertos estos días. En especial en los que, con mi edad o mayores, tuvieron tiempo de conocer la dictadura unos cuantos años y con seguridad a gentes que, viviendo en ella, desde muchos espacios y en lo cotidiano, con esfuerzo anónimo y empeño disciplinado, trabajaron para qué, en la mínima oportunidad, el terreno estuviese abonado y fructífero para mejor aprovechar la ocasión de abrazar la libertad y construir, a partir de ella, la democracia. Pienso en los sueños en blanco negro y como deseábamos fueran tomando colores.

La puerta no debe cerrarse, debe estar abierta, todas, todos los días. Han de permitir pasar la luz, la penumbra, el sol o la lluvia, el calor y el frio y con ello trajinar todos.

Deben estar abiertas también para que puedan salir los miserables, los que revierten con sus hechos las buenas palabras con que engañan. Los que, dejando rastro de su pensamiento reaccionario y miserable, convencen a los ignorantes, a los que piensan que los males están en un lugar o en unas gentes a las que señalar, a las que eliminar. Los que aportan odio, los que se apropian de supuestas bondades pasadas, los que ven en una guerra entre hermanos, no la suprema desgracia para un país, si no la inacabable ocasión de revanchas y de perpetuación de odios, los mismos odios irracionales que la hicieron posible.

Señor vicepresidente del gobierno Pablo Iglesias, no invite a cerrar puertas, anime a abrirlas. Ustedes citan a veces a personas que muchos respetamos, haciéndolas suyas, intentando exclusividad. Yo recordaré para acabar, algunas de las ultimas palabras de quien fue una esperanza para millones de sus compatriotas y en muchos lugares del mundo. Sirvan como mensaje optimista como activadoras de la decencia entre tanta incuria. Unas pocas de Salvador Allende de hace casi cincuenta años minutos antes de su muerte y qué, al escucharlas, mentalmente las adaptemos a nuestro hoy en España:

“Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

José Luis Vergara. mayo 2020

[1] Me permito poner sus nombres porque merecen nuestra memoria y respeto y no quedarse en la fría estadística. Para sus deudos mi solidaridad.


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