¿Y una izquierda no nacionalista para Cataluña?

El próximo día 21 de diciembre se celebran las elecciones autonómicas en Cataluña convocadas por el Gobierno de España tras el golpe a la democracia dado por los independentistas catalanes, algunos de cuyos máximos dirigentes se encuentran en prisión a la espera de sentencia firme por los delitos presuntamente cometidos contra el orden constitucional y la democracia española. Obviamente, no son presos políticos sino políticos presos a los que se les aplican todas las garantías del Estado de Derecho: es decir, no están en la cárcel por sus ideas políticas sino por presuntamente vulnerar la ley, independientemente de las razones políticas o de otro tipo que les impulsaron a delinquir.

Otros no están presos sino que han huido, como el propio Puigdemont… y es más que probable que el propio ex presidente de Cataluña y otros que a día de hoy siguen libres terminen con sus huesos en la cárcel: del mismo modo que el común de los delincuentes no esquiva la pena por prometer buen comportamiento, espero que esta gente que ha pretendido romper España y levantar fronteras entre conciudadanos pague por los gravísimos delitos que se demuestre cometieron.

En todo caso, nos encontramos a poco más de un mes de la celebración de dichas elecciones autonómicas, en las cuales se decidirá la composición del nuevo Parlamento de Cataluña. Por tanto, no son plebiscitarias ni cosa parecida y, sea cual sea el resultado, los independentistas catalanes seguirán sin tener el derecho a privarnos de nuestro derecho a decidir el modelo territorial del Estado, la reforma de la Constitución Española o el futuro de nuestro país. Evidentemente, es mejor que pierdan a que ganen, y no solo por razones prácticas sino porque quien ha actuado contra la ley y para fraccionar España no merecen otra cosa que el desprecio ciudadano.

Y siendo unas elecciones autonómicas para determinar la composición de la cámara catalana, conviene recordar que las competencias de las que dispone el parlamento autonómico son amplias, por lo que interesa abrir el abanico temático en lugar de centrarnos en las obsesiones nacionalistas. Es decir, que con el voto de los catalanes en dichas elecciones se decidirán, sobre todo, las políticas sanitarias, educativas, de vivienda o de protección social que afectarán en el día a día a los ciudadanos residentes en ese territorio; precisamente esas cuestiones que los gobernantes autonómicos llevan obviando durante todos estos años, centrados como han estado en sus obsesiones identitarias y rupturistas. Y puesto que se decidirá todo eso, habremos de estudiar cada una de las ofertas electorales que finalmente se presentan… y obrar en consecuencia.

Mi opinión personal es que Cataluña, como el conjunto de España, necesita una izquierda universalista opuesta a los corruptos y a los recortadores sociales… pero también a los independentistas que pretenden romper España. Es decir, una izquierda de verdad, respetuosa pero a la vez contundente con sus adversarios políticos y que en lugar de confraternizar con el catalanismo, hermano pobre del independentismo, enarbole sin complejos un discurso verdaderamente progresista e igualitario. Lamentablemente, no ha habido tiempo y quizás tampoco suficiente voluntad política como para poder articular una oferta electoral lo suficientemente amplia en ese espectro político y cubrir así todas las demandas electorales de los catalanes.

Así, no ha podido surgir de los colectivos, asociaciones y partidos políticos que conforman el Foro de Izquierdas No Nacionalistas o la Asamblea Social de la Izquierda de Cataluña una opción consensuada que recogiera todas las sensibilidades existentes en dichos espacios de trabajo y que cubriera lo mejor de una izquierda española que sigue sin dar el paso de unirse y salir del armario. Finalmente, Recortes Cero seguirá  haciendo la guerra por su cuenta, del modo tan noble que nos tienen acostumbrados, pero volviendo a cometer el error político de no dar suficiente importancia a lo que significa lograr los votos necesarios para conseguir representación parlamentaria. Yo que he sido parlamentario y que ya no lo soy, sé de lo que hablo: cuando estás presente en un parlamento, puedes hacer política de la de verdad y cuando dejas de estar… es mucho más complicado.

Sí se ha conformado afortunadamente la coalición de Unidos y Socialistas por la Democracia que, salvo sorpresa mayúscula, no tendrán, desgraciadamente, presencia mediática relevante. Espero que finalmente puedan alcanzar los avales necesarios para presentarse porque, sin duda, son de los que representan a esa izquierda cívica tan necesaria en España. Por lo demás, existen ciertos candidatos socialdemócratas en las listas de Ciudadanos, pero muy minoritarios y con escasas opciones electorales, ese partido que decidió abandonar la socialdemocracia y el centro izquierda en su IV Asamblea, celebrada en febrero de este año. Del PSC mejor ni hablo, partido al que no se la ha ocurrido otra cosa mejor que abogar por la transversalidad catalanista: sabiendo que su compadreo con el nacionalismo catalán es corresponsable de la situación que padecemos, más que argumentar, solo me queda recordar los hechos ocurridos. Y luego está el PP para ocupar la derecha española de toda la vida.

Habrá quien vuelva a reclamar la unidad de los constitucionalistas y el voto útil para hacer frente al independentismo, pero no es suficiente y además, no hay voto más útil que el que se emite a conciencia. Aademás de parar los pies a los golpistas, hay que ofrecer una propuesta política integral que ayude a resolver los principales problemas de la gente, esos problemas de los que nadie habla y nadie atiende, esos por los que ni siquiera se reclama el voto. Una propuesta política ubicada en la izquierda cívica, preocupada por los problemas sociales y la desigualdad; que además defienda la unidad cívica de España, la lucha contra la corrupción, una Justicia independiente y la regeneración democrática.

Si esta vez finalmente no puede ser, espero que sea la última cita electoral en la que no se pueda. Porque sin duda una izquierda de verdad, es decir, progresista, sigue siendo necesaria en España. Y, desde luego, también en Cataluña.

Gorka Maneiro, portavoz de Plataforma Ahora

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