Entrevista a Gorka Maneiro: “No hay nada más reaccionario que levantar fronteras entre conciudadanos”

El exportavoz de UPyD y fundador de la Plataforma Ahora, Gorka Maneiro.

Diputado en el Parlamento Vasco entre 2006 y 2017 por UPyD, Gorka Maneiro (San Sebastián, 1974) es en la actualidad portavoz de la Plataforma Ahora, entidad que reivindica la necesidad en España de una alternativa de centro izquierda no nacionalista. En No apto para fanáticos, su último libro, Maneiro reflexiona acerca de su trayectoria política, desde sus comienzos en los movimientos contra ETA hasta su experiencia en la dirección de la formación magenta.

Ha señalado que su último libro, No apto para fanáticos, versa sobre lo que ha vivido, pero sobre todo, acerca de lo que ha aprendido. ¿Qué enseñanzas le dejó su paso por UPyD?

Enseñanzas de todo tipo que no pueden resumirse en una frase o en dos. Lo explico en el libro y es mejor que cada cual, leyéndolo, saque sus propias conclusiones. Mi paso por UPyD me dejó enseñanzas personales y políticas, dado que fueron múltiples las experiencias vividas, en circunstancias favorables pero también en momentos muy difíciles, tanto en el Parlamento Vasco como en la dirección de UPyD, desde 2007 hasta 2017. De hecho, soy en parte distinto ahora del que era en 2007, por razones obvias.

Aprendí, por ejemplo, que hay que alejarse lo más posible de todo tipo de fanatismo, sectarismo o dogmatismo, que hay que ser firme en lo esencial pero flexible en lo accesorio, que la acción política hay que acompañarla con una óptima política de comunicación, que no hay que creer ciegamente en nadie, que hay que ser crítico pero también autocrítico y saber corregir los errores a tiempo y que, si no estás de acuerdo con algo, lo mejor es decirlo cuanto antes. Los líderes políticos deberían rodearse de personas críticas, no de personas que les den la razón en cualquier circunstancia.

Por su parte, el partido actual más similar a lo que fue UPyD, Ciudadanos, ha sufrido un fuerte descalabro electoral. ¿En qué se han equivocado?

Creo que les afectó un mal que suele afectar a los partidos políticos en general y que, en todo caso, afectó también a UPyD. Y es que las cúpulas de los partidos políticos suelen aislarse de la realidad, se encierran en sí mismas y terminan tomando las decisiones entre dos o tres personas —y a veces ni eso— que están de acuerdo en todo y que no aceptan crítica alguna. En ocasiones se ciegan.

Aparte de eso, los errores políticos que comete Cs son en mi opinión muy evidentes: el voto en contra en la moción de censura y su apoyo expreso al PP, en lugar de al menos abstenerse y marcar distancias; su decisión de pelear por el electorado de derechas y del PP, abandonando de ese modo el centro izquierda donde nació; su disparatada decisión de ni siquiera hablar con Sánchez para condicionarlo, pactar un gobierno estable para España —¡sumaban 180 diputados!— y evitar de paso un gobierno que dependiera de populistas e independentistas. Además de esto, su obsesión por el marketing y la política de comunicación —el marketing es importante en política pero la política no puede ser solo marketing—, sus continuos cambios de opinión y de criterio y la actitud en ocasiones histriónica y excesiva de Rivera, especialmente en los últimos tiempos.

Suele afirmarse que el nacionalismo vasco tiene un carácter étnico del que carece el catalán. Pero, ¿sigue siendo esto cierto con un president que considera “bestias taradas” a los españoles?

El nacionalismo tiene sobre todo un carácter reaccionario e insolidario. Se guía por principios muy básicos: lo mío es mío y lo tuyo es de los dos, mejor lo propio que lo óptimo, somos distintos al resto —es decir, mejores y con más derechos—. Trata de obtener beneficios políticos y económicos a costa del resto de los ciudadanos. Lo preocupante ahora mismo es su pretensión de romper España, que es el Estado que nos configura como ciudadanos y nos confiere derechos y obligaciones. Y, sobre todo, lo más preocupante es que frente a ellos no hay un discurso diáfano en defensa del interés general y del bien común, del Estado y de la ciudadanía compartida.

Y es que lo peor en ocasiones no es el nacionalismo de los nacionalistas sino el nacionalismo de los que supuestamente no son nacionalistas pero, en el fondo, se comportan como si lo fueran. Y es especialmente preocupante la connivencia de la izquierda oficial española con algunos de los postulados de los nacionalistas. Es algo sorprendente porque la izquierda siempre ha sido universalista e internacionalista y ha defendido siempre la igualdad, justo lo que ataca el nacionalismo. Se necesita una izquierda que defienda las políticas de redistribución y los derechos sociales y, a la vez, defienda la unidad de España, algo que es profundamente progresista, porque sin Estado no hay Estado del Bienestar. No hay nada más reaccionario que levantar fronteras entre conciudadanos.

Bildu ha pedido al PSOE que reconozca el “derecho a decidir”. ¿Es una reclamación lícita?

Cuando hablan del “derecho a decidir”, realmente están defendiendo que los demás ciudadanos no podamos decidir sobre cuestiones que nos afectan a todos, por ejemplo, la organización territorial del Estado y el futuro de España. Porque además el “derecho a la autodeterminación” solo se reconoce para el caso de las colonias o de grupos humanos cuyos derechos están siendo vulnerados y, obviamente, no es el caso. Se trata de ganarles la batalla del lenguaje y defender con claridad que es mejor unir que separar, derribar fronteras que levantarlas y vivir juntos que separados. Y, desde luego, que deben cumplir la ley común, para empezar, la Constitución Española.

La formación abertzale también ha exigido que se admita la “plurinacionalidad” de España. ¿Debe hacerse?

La distribución territorial del país está recogida en la Constitución Española. El debate sobre las supuestas naciones que existen en España es un tema que solo interesa a los independentistas. Comienzan reivindicando una nación cultural para después reivindicar una nación política y a continuación el derecho a romper el Estado en su propio beneficio. Y lo hacen para no aportar a la solidaridad interterritorial. Es inaceptable. España es la nación política que garantiza nuestros derechos y nuestras libertades. Esto deberían decirlo con claridad todos los partidos de ámbito nacional. Y sorprende y es descorazonador que el PSOE no solo no lo haga sino que precisamente haga todo lo contrario: confraternizar con los nacionalistas o independentistas. La izquierda debería preocuparse de resolver los problemas reales de la gente: el paro, la precariedad, los bajos sueldos, el mantenimiento y mejora del sistema público de pensiones o la desigualdad, además de impulsar las reformas que España necesita —reforma de la ley electoral o despolitización de la Justicia, entre otras—.

En un artículo reciente, Manuel Valls afirmaba que “no se puede ser de izquierdas y nacionalista”. ¿Lo suscribe?

Así es. Izquierda y nacionalismo son conceptos antagónicos… por mucho que en España parezca lo contrario.

¿Y qué opina de su posible concurrencia a las elecciones autonómicas y generales? ¿Es una buena noticia?

Es una muy buena noticia. Si Manuel Valls impulsa una izquierda española igualitaria, progresista, laica y europeísta y que trate de resolver los problemas reales de la gente, entre ellos, el separatismo, puede contar conmigo.

El PSC, aunque tímidamente, ha roto el tabú sobre la inmersión lingüística en Cataluña al plantearse “flexibilizar” el modelo allá donde sea necesario. ¿Acierta?

Desgraciadamente, el PSC es un partido nacionalista más, por lo que no podemos contar con ellos. Y tiene gran responsabilidad en la situación actual que estamos sufriendo. Y hay que acabar con la inmersión lingüística. Las lenguas son para los ciudadanos, no los ciudadanos para las lenguas. Nadie tiene el derecho de imponer una lengua con el objetivo de perpetuarla. Hay que acabar con las imposiciones lingüísticas que muchos gobiernos autonómicos están impulsando, entre ellos, Cataluña y País Vasco, pero también Baleares, la Comunidad Valenciana, Navarra o incluso Galicia. Hay que garantizar la libertad lingüística en toda España.

Según un extenso informe del Washington Post, el carácter excluyente y la justificación de la violencia por parte del separatismo catalán podría abocar a “una fragmentación social a largo plazo tanto dentro de España como con el resto de Europa”. ¿Comparte el pronóstico?

Claro, nos lo dice la experiencia. El nacionalismo ha provocado dos guerras mundiales, múltiples conflictos en todo el mundo y, recientemente, la guerra de los Balcanes. Es realmente una ideología profundamente reaccionaria que termina rompiendo la convivencia entre ciudadanos. El independentismo no es solo una cuestión española sino también europea. Nos jugamos todos mucho.

¿Y qué podemos hacer para evitarlo?

Defender sociedades abiertas y Estados democráticos donde los ciudadanos sean tan iguales y distintos como consideren. Y enfrentarnos a las falacias nacionalistas. Además, en el mundo globalizado actual, defender la fragmentación de los Estados es un sinsentido. Hay que hacer justo lo contrario: ir hacia espacios más amplios de convivencia, la Unión Europea en nuestro caso —pero mejorada, más social e igualitaria—. Y dedicarnos a resolver los problemas reales de la gente.

Por Óscar Benítez

Twitter: @Oscar_Benitez_


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