Calma, no pretendo revivir el Servicio Militar para hombres y el Servicio Social para mujeres. Bueno, no del todo, porque la verdad es que sí tenía alguna cosa buena que podríamos rescatar, como el espíritu de camaradería. Casi todo el mundo tiene algún amigo y un número mayor de buenos recuerdos que de malos.
El servicio social fue perdiendo fuerza y desapareció en 1978 con el desmantelamiento de las instituciones franquistas y el servicio militar obligatorio (SMO) fue abolido por Aznar en 2001. El artículo 30.3 de nuestra Constitución dice: “Podrá establecerse un servicio civil para el cumplimiento de fines de interés general”. La CE está llena de buenos propósitos pendientes de desarrollo y nadie habla del Servicio Civil, pero quizás ha llegado el momento de tomárselo en serio.
¿Tenía algo bueno el SMO? En una España predominantemente rural, con poblaciones aisladas, poca educación, sin televisión en muchos hogares y sin internet, contribuyó a que muchos jóvenes conocieran algo del resto de España y consiguieran una formación mínima. Ya en los 80 se veía que ni formaba para el ejército que tiene que ser más profesional ni todo lo que se aprendía era bueno porque los militares no eran los mejores educadores, no era su función. Pero ese conocer algo del resto de España, ese rozarse con españoles de todas las clases, ideologías, orígenes y tendencias y una formación mínima más homogénea son más necesarios que nunca.
De siempre le había dado vueltas a esta idea y cuando la comenté con mis sobrinos en una boda hace unos días me quedé sorprendido. Ellos lo veían muy bien. La idea de hacer algo por España, de hacer algo que se hiciera en todo el país y por todas las personas y que contribuyera a una mayor seguridad y defensa integral les parecía necesario. También veían ventajas a dedicar un año después del instituto y antes de la universidad a conocer mundo, a realizar una actividad social interesante, a probar cosas distintas y poder elegir con más información lo que querían estudiar.
De hecho, en Inglaterra es muy usual el gap year, un año de exploración personal, que suele incluir una larga temporada de viaje por el extranjero, alguna colaboración con una ONG, la práctica intensiva de algún deporte o unos cursos especializados para encarar mejor la universidad o unas prácticas para probar si una carrera u otra es la que realmente nos gusta. Se puede ver como perder un año o como poder estar más seguro de lo que querrás hacer con todos los demás años de tu vida que tienes por delante.
Muy bien organizado, con un carácter integrador, formativo e ilusionante creo que podría servir para interiorizar mejor la variedad y fortaleza de España y los españoles y para encarar sobre una base común la siguiente etapa formativa o laboral. Además del propósito fundamental de contribuir a la seguridad y defensa integral de España, más allá de la defensa puramente militar.
Seguro que se puede pensar mucho mejor, pero al menos quiero dar unas pinceladas de cómo lo veo. Lo haría voluntario, no más prohibiciones ni obligaciones. Lo que no quita para que debiera ser un requisito para puestos pagados por la Administración o que las empresas libremente lo pudieran exigir. Debería estar remunerado con el SMI. Podría durar un año, con tres periodos de cuatro meses.
El primero sería en plan campamento con mucha formación desde educación para la ciudadanía hasta como usar bien las redes sociales o la IA, desde primeros auxilios, prevención de delitos, comportamiento en calamidades a nutrición, cosas realmente interesantes. Con mucho trabajo en equipo, práctica de liderazgo y de relaciones sociales y emocionales. Y con una cierta carga física, gimnasia, deportes colectivos e individuales, buenos hábitos, buena alimentación. Sí, enseñar a cocinar, limpiar y coser sería muy útil para la vida. Evidentemente mixto e igualitario. En un entorno más cercano a la protección civil que a la UME, pero con instructores e instalaciones de nivel.
Los otros dos periodos serían a elegir por cada persona entre las instituciones, incluido el ejército, o empresas que ofrecieran plazas con un equilibro entre formación y trabajo. Cada periodo debería ser en una región distinta y, desde luego, diferente de la habitual. Se trata de conocer a España y los españoles, una especie de Erasmus nacional. Siempre eligiendo como en el MIR en función de un examen con una nota que conlleva el elegir antes que los que hayan tenido peor desempeño. Pero teniendo en cuenta que hay muchos índices distintos y que cada práctica exigirá tener una determinada combinación de aptitudes, por ejemplo, capacidad física, inteligencia emocional o conocimiento de idiomas.
Precisamente el saber qué puntos fuertes y débiles tienes como persona te puede ayudar mucho a elegir como desarrollarte. Y con los resultados de esos exámenes y prácticas disponibles para que un posible reclutador los pueda tener en cuenta antes de formalizar el contrato de trabajo o antes de dar una beca de estudios. Se trata también de fortalecer la responsabilidad individual, la cultura del esfuerzo y el mérito y el espíritu nacional. Se le podría dar una vuelta, ¿no?
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