Se podrían llamar también los goles de la izquierda o los errores de la derecha, pero creo que la palabra fallos pone el acento en lo que es más grave, en que son la causa de grandes problemas económicos, en que impiden mejorar la vida del conjunto de los españoles a largo plazo. Como todas las medidas populistas parecen beneficiosas a corto plazo, cuando en realidad son terribles a largo plazo.
Los fallos son fundamentalmente tres: i) es un único salario mínimo para todas las profesiones o sectores y todas las provincias españolas; ii) es un salario por mes o anual, no por hora; y iii) se fija un objetivo de que sea el 60% del salario medio. Vamos a analizarlos uno por uno.
Al ser interprofesional e intersectorial no está relacionado con la productividad real de ese trabajo en ese sector con lo que se irán destruyendo los puestos de trabajo que no alcanzan ese equivalente de aportación a la empresa. Habrá puestos de trabajo -y las empresas que los ofrecían- que simplemente desaparecerán. Además, en España, es un salario interprovincial, que se aplica a toda España sin tener en cuenta el coste de la vida en cada provincia o comarca. Esta es una de las causas principales de la España vaciada: un bar en un pueblo de Extremadura que vende el menú del día al 50% del precio de un bar de Madrid, mal puede pagar al camarero el mismo salario.
Es cierto que es más fácil de comunicar y de hacer presión por los sindicatos porque parece más justo y porque el mínimo nacional interprofesional se puede aceptar mejor en las ciudades y sectores más productivos, que son los más influyentes, con lo que además de más sencillo de entender es más fácil de negociar. Que destruya puestos de trabajo en industrias o en provincias marginales, -aunque no se las llame así-, no es tan lamentable para esos grandes hacedores de política porque echarán la culpa a otros. Pero sí hace más difícil que muchos españoles sean felices y puedan seguir viviendo de su trabajo. Se les fuerza a emigrar a las ciudades y cambiar de tipo de trabajo. No es la única causa de la España vaciada, pero sí la más fácil de corregir si realmente se quisiera solucionar este problema.
Al ser un salario mensual con independencia de las horas realmente trabajadas, todas las reducciones de jornada, -por ejemplo, semanas de 37,5 horas, o más días de fiesta o de absentismo-, repercuten en que el coste o salario real por hora trabajada sea cada vez más alto, lo que a su vez provoca más pérdidas de puestos de trabajo. Si el SME (salario mínimo específico para una profesión, sector y comarca) fuera por hora habría más prudencia a la hora de acumular rebajas de las horas trabajadas. Y la productividad de las empresas y de España no se pondría continuamente en riesgo frente a otros países que no tienen esas limitaciones.
Al fijarse un objetivo en función del salario medio las subidas del SMI provocan que el salario medio suba, lo que retroalimenta el que se pida otra subida del SMI. Si realmente el objetivo fuera que no haya unos pocos empresarios -suponiendo que los hubiera desaprensivos- que se aprovechen del desamparado trabajador lo razonable sería definir que el salario mínimo fuera el del percentil 10, siempre para esa función y comarca concreta, de forma que a todos los trabajadores que tuvieran un salario menor al del percentil 10 se le subiera a ese nivel.
Con esto no habría ningún trabajador desamparado ya que sería el salario de al menos el 10% de ese tipo de empleo. En varias CCAA españolas, por ejemplo, Extremadura, el SMI ya es superior al 60% del salario medio en esa CA. Lo que implica que es probable que la mayoría de los empleados tenga como sueldo precisamente el mínimo; y eso supone una causa de infelicidad para los que antes eran trabajadores por encima de la media. También provoca un menor esfuerzo o interés por los empleos que se perciben como más penosos.
Los medios de comunicación no se atreven a explicar que una de las causas principales de la inflación sufrida en estos últimos años en España ha sido la forzada y rápida subida del SMI. Está claro que los sectores en que los precios han subido más, por ejemplo, agricultura, construcción y hostelería, son los que tienen una proporción mayor de trabajadores con el salario mínimo.
El objetivo esencial de los partidos políticos, cuando pueden, es usar la legislación no para fijar un campo amplio y razonable donde las partes puedan llegar a los acuerdos particulares que les convengan, siempre con unos límites mínimos fijados con sentido común, sino para imponer sus mínimos que, en realidad, son los objetivos más altos que quieren conseguir. Eso dificulta el libre acuerdo entre particulares por encima de ellos. Es imponer una planificación centralizada desde el poder político y rebajar la libertad y la iniciativa individual. Es igualar por abajo para aumentar el descontento de lo que se llamaba la clase media que, como consecuencia, irá desapareciendo. Es proletarizar y polarizar a los ciudadanos.
El lector ya habrá comprendido que defiendo un salario mínimo específico (SME) caracterizado por: i) calcularse en función del tipo de trabajo o empleo, y siempre en el ámbito de un determinado sector y comarca; ii) ser por hora realmente trabajada; y iii) fijar el mínimo en el percentil que se considere, -a mi me parece razonable el 10%- referido siempre a un ámbito concreto.
Este SME aseguraría el objetivo de justicia social original, que no haya nunca una minoría de trabajadores explotados y, a la vez, permitiría alcanzar el óptimo de empleo, de retribución y de satisfacción social a corto y largo plazo.
© Marcelino Elosua, Madrid 2024
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