Un “hola” bilingüe

Este mes de julio se han cumplido 25 años de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Un acontecimiento que marcó a Barcelona para siempre y que la abrió al mundo como una ciudad mediterránea y cosmopolita. Barcelona le decía “hola” al mundo en castellano y catalán, porque los barceloneses siempre hemos sido bilingües. Pero, lamentablemente, desde hace un tiempo, primero con Xavier Trias y ahora con Ada Colau como alcaldesa, parece que hay un empeño en no tratar ambas lenguas por igual, menospreciando el castellano y relegándolo a un segundo plano.

Los barceloneses debemos decidir en libertad en qué idioma nos relacionamos con el consistorio, ya que no puede ser que el Ayuntamiento sea bilingüe solo para cobrar multas o hacernos pagar impuestos, pero en cambio no utilice ambas lenguas para ofrecer servicios. El Ayuntamiento debe dirigirse tanto en catalán como en castellano de forma habitual, empleando ambas lenguas en las mismas condiciones de igualdad, libertad y pluralismo.

Una encuesta realizada durante el mes de abril por GESOP confirmaba que el 94% de los barceloneses encuestados se muestra a favor del bilingüismo en el Ayuntamiento de Barcelona. Un hecho que ratifica que la alcaldesa Colau debe rectificar sus equivocadas políticas lingüísticas y ver la realidad plural y bilingüe de la ciudad. Los resultados de la encuesta avalan las propuestas que el Partido Popular lleva años defendiendo y que nos llevó a impugnar el Reglamento Lingüístico del Ayuntamiento. El PP, frente a este Reglamento Lingüístico que discriminaba el castellano, votó en contra y luego presentó un recurso. Primero al Tribunal Superior de Justicia de Catalunya y más tarde al Tribunal Supremo. Ambos tribunales avalaron dicho recurso considerando que este documento comportaba un perjuicio en su aplicación, dando la razón a la demanda del PP y obligando a modificar algunos artículos de dicho reglamento.

Es lamentable que ahora la alcaldesa Colau vea normal utilizar lenguas extranjeras como el árabe, el tagalo o el urdú en carteles municipales, pero, en cambio, se sume a excluir el castellano en las comunicaciones oficiales o de algunos apartados de la propia web del Ayuntamiento. El intento de extender las políticas nacionalistas excluyentes en el consistorio perjudica gravemente la imagen de ciudad abierta y plural de la que siempre ha gozado la capital catalana. No vamos a permitir que se llame política lingüística a la exclusión del castellano y al soterramiento de la cooficialidad de las dos lenguas que conviven sin problemas en la vida de la ciudad.

Parece que Colau realiza un abuso condescendiente con el nacionalismo. Una vuelta de tuerca más en la capital española con mayor vocación internacional y que siempre se ha mostrado como ejemplo de acogida sin imposiciones lingüísticas. El reconocimiento del bilingüismo lo apoya la mayoría, por lo que generar controversia lingüística en Barcelona no es más que añadir problemas inexistentes.

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