Torrente

No me gusta tratar un tema de índole personal en un foro abierto como éste. Pero la situación que viví ayer, volviendo a casa en moto, no me deja más remedio que significarla en mi escrito de esta semana, dado que de modo directo está vinculada con los argumentos que dan sentido a mis intervenciones en este medio.

Siempre he considerado que entre las policías políticas del separatismo había un poso de odio y rencor que dejaba muy en entredicho su profesionalidad. Algo no extensible a todos, pero sí con un arraigo consolidado especialmente entre los que han medrado (la mayoría por su fidelidad a “las convicciones”) o, por veteranía, tras muchos años inoculando el virus de las mentiras y la manipulación.

Todo esto, siendo muy comedido y apagando impulsos de mi subconsciente, viene por lo siguiente. Ayer tuve la mala fortuna de toparme volviendo a casa con un cabreado con las circunstancias disfrazado de agente policial (del que será difícil olvide su número).

Por una más que dudable y rigurosa infracción me tocará, por su capricho discrecional, abonar una multa por un montante de nada menos que 200€, el equivalente al seguro anual del vehículo “infractor”, o a llenar el carro de la compra quincenal.

Lo doloroso no es el importe pecuniario que, por la gracia del “Torrente” de turno, deberé satisfacer. Lo que me escama es la duda al ser denunciado tras ver que el motorista de delante, por la misma infracción, solo recibe un futbolístico “aviso verbal”.

Me cuesta abstraer las conclusiones sin ponderar el hecho de que no le respondiera en catalán, pidiéndole que se dirigiese a mí en español (con éxito nulo por cierto), o la incidencia que en su toma de decisión pudiera tener la decoración de mi casco con una orgullosa rojigualda nacional. Por más que intente evitarlo, creo que mi significación ha sido el factor determinante de la actitud subjetiva y sectaria del aludido “sheriff”.

Me permito el eco de este medio digital para pedir remedio en este sentido y, de ser posible, se prescinda de controladores de la legalidad que actúen con formato servil hacia el supremacismo separatista. Mantenerlos a pie de calle, actuando de forma parcial y jugando con la legalidad a su libre albedrío, no es la mejor forma de lograr una dinámica favorable a la convivencia.

Debe evitarse el trato diferenciado según el lado en el que te signifiques, dentro de esta sociedad enferma y fragmentada por el naZionalismo. Eso debería ser algo incuestionable para los uniformados que se han comprometido con el cumplimiento de la legalidad vigente, mandándolos a casa de por vida si no saben prescindir en su actividad del fanatismo que les corroe.

Es cierto, como muchos pensaréis lo fácil es pagar y olvidarse, así será. Pero considero que merece la pena una reflexión pausada a posteriori, sobre todo para dejar evidencia de la indefensión que muchos vivimos por nuestros sentimientos, ideas o posicionamientos.

Un cordial saludo a todos los policías que merecen su placa y honran su trabajo. Para “Torrentes” ya tenemos a Santiago Segura.

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