El virus COVID 19 ha demostrado palpablemente que la sanidad española ni era tan buena, ni tan maravillosa como la propaganda decía y buena prueba de ello son los miles de sanitarios infectados y los que han muerto. Hay que dar gracias por la inmensa generosidad que los que se dedican a esa labor han demostrado, desde los médicos, enfermeras hasta los trabajadores servicios más básicos.
Pero no es menos cierto que hoy la educación se encuentra con un inmenso problema y es que no sabe cómo organizar la educación para el próximo curso escolar, pues volver a encerrar a al estudiantado en casa y decir que todo se haga “en línea”, es una auténtica broma de mal gusto, y una inmensa irresponsabilidad.
Ello demuestra que el Ministerio de Educación no sabe como afrontar el problema, ni las consejerías educativas autonómicas y, desde luego, la solución no es como terminó una de las últimas reuniones con la frase “bíblica” la ministra Celaá : «bueno, que cada uno haga lo que quiera; se levanta la sesión»
¿Qué hacemos con los 8.237.006 alumnos? ¿Se pueden tener en casa como hasta ahora? Tristemente, la educación española durante 40 años ha elaborado siete leyes generales de educación y ha sido incapaz de ponerse de acuerdo. Además, no tiene una tradición de trabajar en casa como ocurre en Australia y en los países nórdicos ya que para ello debe hacer una serie de infraestructuras elementales.
Y conviene recordar que España es el segundo país de Europa con la banda ancha más cara y los contenidos pedagógicos «no están adaptados» a una educación online, y que hay zonas en donde la cobertura no es que sea deficiente, es que es inoperante.
La solución no es decir que el profesorado intente adaptarse a esa situación ante la emergencia, ello se pudo aceptar ante la alarma social que se ha vivido y que ante ella había que hacer un remiendo para dejar que el roto no se hiciera inmenso. Pero la pregunta es: ¿Podemos seguir creyendo que la educación es los que se ha hecho este año desde marzo, o eso fue un intentar paliar el desastre que se temía? ¿Nos podemos permitir dos años perdidos en el proceso educativo de millones de estudiantes?
La pregunta que ahora se debe hacer es cómo podemos seguir ofreciendo una educación de calidad con la realidad social, económica y política que tenemos. Nadie duda hoy que la cantidad de fallecidos e infectados en la sanidad se ha debido a que la sanidad española fue desbordada y no estaba preparada para ello, debido a los inmensos recortes que se dieron en la sanidad desde 2008 y los hemos pagado ahora.
Para nadie es un secreto que la educación también ha tenido pavorosos recortes, que hay serias diferencias de la calidad educativa entre las diferentes autonomías. La catalana concretamente tiene el mayor índice de barracones y de falta de profesorado. ¿De verdad alguien se puede creer que con el número de profesorado que hay en España, y aún más en Cataluña, se puede tener un profesorado cada 15 alumnos y que éstos además van a supervisar y ayudar a la educación “en línea”? Sabiendo además que España es el segundo país de Europa con la banda ancha más cara y los contenidos pedagógicos «no están adaptados» a una educación “en línea”, como ya hemos dicho.
Conviene no olvidar que el ser humano aprende por contacto presencial. Piensen que entre los animales, y somos animales mamíferos, somos el que tiene una infancia más larga para aprender a vivir y a defenderse, a alimentarse, en una palabra para sobrevivir. Eso debe plantear algo, es decir debemos pensar porqué ocurre eso, no hay otro animal que requiera tanto tiempo, los monos se acercan, pero no tanto como nosotros.
El ser humano es una unidad dialógica, así es que se aprende y la madre es la que troquela a través de la urdimbre afectiva al nacido, como debe desenvolverse, piensen en los animales, como la madre cuida hasta con su vida al retoño, nosotros somos el animal que más larga infancia tenemos para aprender y hemos creado un sistema que ayuda y es el proceso educativo.
Y es el diálogo con otro u otros presencial el cemento de esa relación, es la urdimbre afectiva, la aceptación de que el otro quiere enseñarte, educarte y tu deseas ser enseñado. No por obligación ni forzado si no porque quieres, porque te interesa, porque estás motivado. Nadie aprende si no quiere si no le pone afecto y el deseo de aprender, hay que querer aprender. ¿Creen que la solución a este inmenso problema es decidir, así de golpe, ir a la “educación en línea»?
Seguiremos tratando la cuestión.
Luis Fernando Valero
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