La enésima muestra de supremacismo lingüístico la he vivido en primera persona en Comarruga, un barrio marítimo de la población de El Vendrell en Tarragona, en donde disfruto de mi segunda residencia en la playa. Se trata de un lugar ideal en verano y las vacaciones, cuando numerosas familias con propiedades en el municipio, de Barcelona en su mayoría, venimos a disfrutar de la playa, del sol y de las muchas motivaciones que brinda la localidad para estar en formato ocio en dicha ubicación.
Para ser sincero, a la localidad a la que pertenece mi barrio yo la identifico y hago referencia con el apelativo “Alvendrel”, por razones evidentes que quedan plenamente sobreentendidas, aunque, en el sentido al que hace referencia, todavía existe a fecha de hoy una diferencia clara entre la localidad madre y los barrios costeros, en los que la demografía sigue, para entendernos, una dinámica distributiva mucho más tradicional.
La mencionada muestra de imposición idiomática la he vivido al ir a recoger, como algo impuesto y no voluntario, el carnet para poder seguir usando los contenedores de basura. Les ha dado por condicionar el uso de éstos siguiendo criterios selectivos rigurosos, es decir, formalizando de modo coercitivo algo que ya es costumbre para la inmensa mayoría de la ciudadanía, pero delimitando franjas horarias y momentos en los que puedes deshacerte de tus basuras. Se obliga a pasar una tarjeta familiar en el propio contenedor cada vez que quieras depositar tu bolsa de basura, cumpliendo tramos y condiciones. Se acabó la libertad de tirar la basura cuando a tu familia le vaya bien.
Pues bien, siendo como es una zona de veraneo masivo de la gente, muchos procedentes de otras comunidades, con especial referencia a la aragonesa, el fanatismo catalanista del alcalde socialista se impone al criterio bilingüe y oficial que correspondería para poner en conocimiento de la población las entregas de los carnets e indicaciones para su uso, al enviar cartas y disponer de trípticos explicativos exclusivamente en catalán.
Yo lo hablo y entiendo, siendo barcelonés y soportando esta paranoia toda mi vida, pero en defensa de toda esa gente que viene y no sabe catalán, o, sencillamente, como reclamación de nuestros derechos como castellanohablantes, pido que se nos informe atendiendo al bilingüismo que existe en la sociedad catalana, comunicándose el Ayuntamiento con los contribuyentes usando ambas lenguas oficiales: el catalán y el español. No es de recibo que se nos obligue a algo y no se atienda este mínimo. El carísimo servicio municipal de recogida de basuras se lo puede permitir.
Es verdad que al pedir el formulario en español, inexistente, y decirles que deberían haber mandado las cartas de citación en las dos lenguas oficiales de nuestra comunidad, al ir a recoger el citado carnet al punto de atención y entrega señalizado para Comarruga, se han ofrecido a traducirme las palabras que no entendiese, sin comprender que el problema no era de comprensión, sino que tenía que ver con la imagen prepotente y de supremacía derivada de citar a toda la población con documentos solo en la tercera lengua más usada del municipio.
Al menos, en adelante, les invito a que se esfuercen en dirigirse a los propietarios o usuarios de viviendas en Comarruga en las dos lenguas propias de los catalanes que legalmente tienen carácter oficial. Algo complicado de entender y cumplir para un gobierno municipal que, con estas iniciativas sesgadas en la comunicación, parece connivente con las ideas extremas del nacionalismo separatista del que son cómplices atendiendo a su conducta. Y eso pese a estar conformado por concejales que, en teoría, pensamos que deberían cumplir sin ambages con las directrices constitucionales.
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