En un contexto en el que el ciudadano asume de partida que prácticamente la totalidad de lo que un político promete en campaña se queda en el olvido al día siguiente de la votación, sorprende que, en esta ocasión y tras largas negociaciones para mantener la pica en Flandes estando en juego la credibilidad por ciertos ajustes que obedecen a complejos endémicos, parece que el control de la migración ilegal, el anonimato sexista por las calles y el abusivo aprovechamiento de los beneficios de la sociedad de bienestar que nos hemos costeado, han sido el argumento fundamental para consolidar un acuerdo de gobierno que hace corresponsables de la gobernabilidad en Extremadura y Aragón a PP y VOX, a la espera de nuevos acuerdos sobre el mismo fundamento allí donde competa.
Este ilusionante paso adelante, que debería ser el precursor de otros nuevos que arreglen el desbarajuste, debe devolver el sentido a lo que representamos, a nuestras tradiciones, creencias y los fundamentos sobre los que se ha cimentado la cultura y sociedad europea. Cunde el victimismo y la apología del caos entre la farándula de la izquierda y la ultraizquierda de este país. Una nación a la que la mayoría queremos sin límite, pero en la que nos avergonzamos a diario de nuestros patéticos gobernantes y, por encima de todo, del títere residente en Moncloa.
Comprendo al electorado del sanchismo que no entiende que se intente cumplir a rajatabla un programa, negociando punto por punto y atendiendo a los plazos legales para llegar al mejor acuerdo posible sin generar dudas en el elector que ha apoyado una candidatura. Es muy de agradecer el rigor programático y la seriedad. Una conducta incomparable con el tratamiento de panfleto, necesario para presentar una candidatura, que usa la indecencia del rojerío para captar votos sobre la base de la falsedad.
Si alguien duda de esa alusión de mentirosos, me remito –por poner un ejemplo doloroso- a la inolvidable e imperdonable postura contraria al perdón y la amnistía a los amigos del golpismo separatista, traducida a posteriori en un apoyo total a las tesis del nacionalismo sectario rupturista para seguir cogidos a la teta del Estado. Los sensatos y serios no podemos ocultar la euforia, conscientes de que, con estos recientes acuerdos, parece que se devuelve la esperanza del retorno a la decencia y el compromiso. Estamos de enhorabuena.
Es vital que tomemos conciencia del contexto en el que nos movemos, siendo objetivos y entendiendo que los recursos son limitados. La realidad paralela de quien sale regalando millones para todo, engañando al personal sin importarle el ridículo, debe verse penalizado como ya está pasando, a pesar del mensaje manipulador y engañoso de ese CIS en nómina que dibuja escenarios estratégicamente al gusto del “número uno”.
La venta de humo, como sucede con los incontables planes de acceso a vivienda, sin que un ladrillo se haya puesto encima de otro, o, arrodillándose ante los socios antiEspaña, dejándose llevar por esa inmoralidad e indecencia que hace capaz al chófer del Peugeot de hablar en el Congreso de una imaginaria e hiriente condición igualitaria de dos países, al referirse a España y Cataluña, debe verse castigada en las urnas allí donde se convoque.
En este sentido, espero un resultado catastrófico de la fan incondicional del sanchismo en Andalucia. Un tremendo batacazo que remueva los cimientos de un PSOE que necesita librarse cuanto antes de la miseria de Sánchez y su entorno imputado judicialmente. Aunque, reconozco que, si sigue cavando su hoyo tampoco me voy a tirar de los pelos. Más nos iremos acercando a la viabilidad de esa deseable y coherente mayoría parlamentaria que valore y estudie la posibilidad de afrontar los necesarios reajustes constitucionales que la experiencia de los años nos ha brindado.
Ese primer paso, que supone el factor clave de la importante aplicabilidad del criterio de la prioridad nacional, genera grandes expectativas. Sin hablar de exclusividad, solo aplica sensatez y lógica en el reparto de recursos. Ahora bien, esperemos que sea un primer paso previo a la valentía que supone auditar y poner patas arriba todo ese entramado de subvenciones y reparto de fondos públicos. Es más que aconsejable la puesta en marcha de un presupuesto base cero que evite el fraude y revise la percepción de subvenciones de un modo justificado, cumpliendo el perímetro de la prioridad que ha sido la punta de lanza de un acuerdo que nos debe satisfacer a todos los que estamos hartos de ver lo que vemos a diario.
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