
Norberto Bobbio consideraba a Thomas Mann “el mayor escritor de la primera mitad del siglo” XX. En 1929, cinco años después de escribir La montaña mágica, Mann recibió el premio Nobel de Literatura. En 1936, los nazis le retiraron la nacionalidad alemana. En 1940, la BBC le propuso dar unas arengas radiofónicas a sus compatriotas alemanes. Desde Londres, Mann dio unos sesenta discursos de entre cinco y ochos minutos de duración.
Thomas Mann tenía una idea demasiado elevada de sí mismo, pero en una de esas charlas, recogidas en un libro titulado Oíd, alemanes…, sostiene que “a los nazis les importa un bledo Alemania y sólo piensan en su pellejo”, la obediencia de los alemanes se volvía cada día más imperdonable y también afirmó que Alemania debía “desintoxicarse de su complejo de superioridad y de su supuesto derecho adquirido a cometer atropellos”. Thomas Mann nunca regresó a su país natal para quedarse.
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