Químico y comunista, el turinés Primo Levi entró con 24 años de edad en Auschwitz; una tortura que le duró dos años, hasta el fin de la guerra. Es conocido como escritor y se reveló con su testimonio de aquella infamia depravada: “sólo hablo de lo que vi con mis ojos, nunca de millones”; así escribió su célebre relato Si esto es un hombre.
Una vez declaró que él era cuatro quintas partes italiano y una quinta parte judío, todas importantes. Nunca fue sionista. Dejó de trabajar como químico a los 56 años. Entendía que ser pesimista era en sustancia “darse por vencido y dejarse llevar hacia el desastre”, y rechazaba la desesperación por paralizante. Creía estúpido ver a todos los demonios en una parte y a todos los santos en la otra, dividirnos en blancos y negros significa no conocer al ser humano, es un error.
No aceptaba tampoco que la sociedad tuviera culpa de todo. Primo Levi aludía a los sindicalistas de salón que veían el mundo del trabajo dividido entre esclavos y patrones malvados, y sostenía que en su trabajo, dirigiendo una pequeña fábrica, vio: “la aceptación de la responsabilidad enfrentándose al rechazo de la responsabilidad: una manera de hacerse adultos”.
Miquel Escudero
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