Peter Yang, según él mismo me dijo, fundó el primer restaurante chino en España; fue en Barcelona. Más importante me parece subrayar que introdujo el arte del tai-chi en nuestro país, un medio para vivir mejor y sentir y saborear una vida con esperanza; un método que adoptó para mejorar su salud, resentida por una tuberculosis ósea. Peter Yang –fallecido en 2014- nació en 1921, en un pueblo chino pintoresco por ser cristianos la mayoría de sus habitantes. Su padre era agricultor y acupuntor. Y él se hizo jesuita y médico.
Peter Yang sostenía que tenemos demasiada enseñanza errónea en la cabeza, que había que liberar. Sus clases y sus charlas en el ‘Rincón del Silencio’ (que estaba situado en la calle de Floridablanca, junto a los cines Renoir) las concluía con un sonoro y festivo ¡Viva la Pepa!, en la búsqueda de serenidad y de rebaja de preocupaciones. Era ágil y rápido de reflejos, austero y tajante. Y carecía de sentido del ridículo para proponer como lema: fresquito, calorcito; así, en diminutivo, como secuencia respiratoria y fuente de tranquilidad, estabilidad, seguridad, claridad, libertad y verdad.
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