Este 18 de julio se ha celebrado el primer centenario del nacimiento de Nelson Mandela, el político surafricano que pasó 27 años en la cárcel por su lucha contra el apartheid (la discriminación legal contra la mayoritaria población negra).
Tres años después de ser liberado, obtuvo el premio Nobel de la Paz, junto a su adversario Frederik de Klerk, por liquidar el régimen segregacionista. Patrocinó la reconciliación y alcanzó por sufragio universal la presidencia de su país, que ejerció entre 1994 y 1999.
En Cartas desde la prisión (Malpaso) está recogida su correspondencia de aquellos años carcelarios. Mandela no se dejó vencer por las graves adversidades e injusticias que padeció, tampoco consintió el odio ni la hipocresía. Franco, noble y honrado, aborrecía el supremacismo en todas sus formas. El nacionalismo africano que postulaba era contrario al racismo y a la venganza.
Tras ocho años en la cárcel, Mandela sostenía que entre aquellas estrechas paredes sólo estaba encerrado su cuerpo, “mi actitud sigue siendo cosmopolita y en mis pensamientos soy tan libre como un halcón”.
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