El vallisoletano Jorge Guillén fue un profesor poeta, dio clases en París y en Oxford, sobre todo en Estados Unidos, donde se instaló. Su gran amigo Pedro Salinas dijo de él que representaba “la conciencia poética más clara, más luminosa, exacta y profunda que hace mucho tiempo ofrece nuestra lírica”.
Y destacaba su rigor y exquisita vigilancia de su obra, hasta el mínimo detalle. Pasando a cosas prosaicas, diré que en algún lugar he leído que Jorge Guillén sólo fumaba tras la comida el primero de sus cuatro o cinco pitillos diarios.
Valoraba el silencio pleno, así en uno escribió: “aunque no lo advierte el mundo, privilegiado me yergo frente a ese mundo que ignora cuánto me enseñó el silencio”. “Invisible en la hierba, un grillo canta inconsciente soledad”.
En su célebre libro Cántico, expresa la voluntad de no doblegarse y no renunciar a la ilusión, tampoco a la verdad. Jorge Guillén sostiene que “no hay mirada amorosa que no alumbre su eternidad. Allí secreta anida”. El horizonte se nos abre.
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