No es la primera vez que dedico este rato para un escrito referido al impacto de los incendios en nuestro país. Tampoco tiene visos de que sea el último, dado que las soluciones a implementar para evitar este mal sospecho que no llegarán a ponerse en marcha o se verán muy atenuadas. Su destino puede ser también pasto de las llamas, en todo o parte, cuando la desgracia que hoy vivimos pase a ser pasado y se normalice la situación. Solo parece prioritario combatir el fuego cuando ya olemos el humo. Luego, con la situación controlada, los recursos y las medidas se dosificarán aplicando los tiempos e intereses del electoralismo por bandera.
Con unas cifras récord de hectáreas quemadas y el incendio forestal mayor del que se tiene registro, estamos viendo como una parte de nuestro país se quema y desaparece mucha de nuestra flora y fauna. La masa forestal que perdemos nos deja impresionados. Esas imágenes con las columnas de fuego avanzando son suficientemente elocuentes para dimensionar oportunamente el calibre de la desgracia. Habrá que dedicar muchos esfuerzos para su recuperación y esperemos que sea aplicando el sentido común, invirtiendo oportunamente en el mantenimiento de nuestros bosques y priorizando como merece España que cuidemos de ella.
Pero, junto a ese destrozo forestal, quiero poner sobre la mesa todas esas pérdidas de vidas de nuestra fauna salvaje. Esa que nunca se tiene en cuenta y de la que pocos piensan. Pensemos que son innumerables los animales que quedan por el camino, calcinados o abandonados a su cruel destino, y ya veremos si tienen opciones de levantar la cabeza y recuperarse, tras ver como su ecosistema vuelve a padecer los efectos malvados de seres humanos que no valoran la vida y están dispuestos, todavía me hago cruces con qué razón, a hacer estragos de esta índole. Los incendios accidentales por descuidos involuntarios o imprudentes me parecen de mucha gravedad y merecen castigo, pero los que se hacen con plena conciencia y claro interés por hacer daño deberían estar catalogados con las máximas penas posibles.
Cierto es que siempre lo primero será salvar vidas humanas, pero no podemos olvidarnos del impacto que supone en tantas y tantas especies animales que han visto desaparecer su hábitat, su modo de vida salvaje, sus nidos, camadas e inutilizado sus escondrijos y madrigueras. A veces me pregunto si al ser humano le queda conciencia, asumiendo que estamos de paso y debemos cuidar el planeta para asegurar el futuro de los que vienen detrás.
Por lo menos, en esta ocasión, ese famoso: ”si requieren ayuda que lo soliciten”, de boca del impresentable Sánchez, al que le viene al pelo todo este follón para acabar el ciclo antes del verano sin que se hable mucho de todas sus corruptelas de partido y familia, ha tenido respuesta con celeridad, movilizándose a la UME con urgencia para combatir los efectos del fuego en Madrid y Ávila, tras la declaración de emergencia nacional en la zona por parte del Gobierno.
Aun así, hemos sido testigos de arrebatos impropios, como los que tienen lugar por parte de impresentables y burócratas como son, por un lado, el palmero sanchista colocado en la Delegación del Gobierno en Madrid, al solicitar y quejarse de la falta de informes y documentación para dar luz verde a la petición urgente de ayuda. Una justificación que solo requería usar la nariz para oler y la vista para ver lo que estaba sucediendo, sin perder un segundo para una burocracia que ya podrá completarse a posteriori sin problemas. Y, por otro lado, el recurrente metomentodo, ese inútil troglodita que gestiona los troncomóviles que, en otro alarde de incapacitación y falta de empatía con el homo sapiens, ha vuelto a dejar su sello de mamarracho incapacitado con otro mensajito del nivel que nos tiene acostumbrados, volviendo a dejar constancia de su bajeza moral y servidumbre.
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