Un siglo después de Cristo, el historiador griego Plutarco dijo que nacer es llegar a un país extranjero. Es una sentencia atinada que destaca nuestro evidente desarraigo inicial. Hablemos de Fernando Savater, un educador que es pensador y escritor. En su último opúsculo, Contra el separatismo (Ariel), alienta a la ciudadanía a ser cada vez más inclusiva y a aglutinar similitudes antes que diferencias. Y lo hace sin miramientos; no hay que mirar de reojo a los bien pensantes señores de la tierra, en espera de su benévolo consentimiento.
No hay que enredarse en su tóxico lenguaje, es especial tras haber llegado ya a la fase excluyente del separatismo: cuando el ‘nosotros’ quiere decir ‘no a otros’. Savater sostiene que “con algo de paciencia y sentido del humor se puede convivir mejor o peor con los nacionalistas; pero con los separatistas no hay más arreglo posible que obligarlos a renunciar a sus propósitos”. En esas estamos.
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