Sostiene Donald Keene

Nacido en Nueva York el año 1922, Donald Keene es un profesor emérito de la universidad de Columbia en literatura japonesa. Tras cincuenta años de docencia se retiró al Japón, donde ha adquirido la nacionalidad nipona. Durante la Guerra Mundial estuvo en el servicio de inteligencia de la Marina estadounidense.

En su libro Los placeres de la literatura japonesa (Siruela), trata del canon de la belleza. Los jardines japoneses tienen por lo irregular la misma inclinación que el jardín clásico europeo por la simetría, o que en Japón hay pocas cosas de uso corriente que se hagan para durar.

Desde el siglo XII se fue consolidando una tradición de guerreros que componían versos de despedida del mundo en los que, mediante referencias a las flores de los cerezos o a las hojas secas del otoño, expresaban frustración, tristeza por la brevedad de la vida, alegría por haber servido al emperador, o cualquier otro sentimiento importante.

Keene sostiene esta pregunta: “¿Cómo es posible que un fiero guerrero prefiriera morir con un poema en los labios en lugar de con una terrible imprecación?”. Aquí queda formulada.

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