Sostiene Arthur Koestler

Nacido en Hungría en 1905, Koestler se afilió al Partido Comunista de Alemania; fue en 1931 y lo abandonó siete años después: “La grandeza de un hermoso error por encima de la podrida verdad”. La novela El cero y el infinito (1940) es una de sus obras más interesantes y conocidas: dado que el único criterio moral que reconocemos –decía- es el de la utilidad social, “la desaprobación pública de nuestras convicciones” para seguir en las filas del Partido, “es mucho más honorable que el quijotismo que supondría la prolongación de una lucha sin esperanza”. Mecanismos de destrucción moral y psicológica.

El infinito era para el Partido una cantidad políticamente sospechosa y no reconocía su existencia. “La definición del individuo era: una multitud de un millón dividida por un millón”. Arthur Koestler sostenía que en el Partido se negaba el libre albedrío en el ser humano, y a la vez se le exigía abnegación. En contradicción, se le negaba la posibilidad de escoger entre dos soluciones, mientras que se le exigía que escogiera la buena.

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