Julen Benda contó que André Gide, premio Nobel de literatura en 1947, le dijo un día: “¡Ah, no sabe cómo le envidio por no tener ninguna necesidad de recibir la aprobación de los demás!”
Sí, esta actitud es un modelo a seguir cuando no se tiene otro interés que la autenticidad y el respeto atento por los demás. Gide se entusiasmó con el comunismo y viajó en 1936 a la URSS para conocerlo de cerca. Al volver, publicó «Regreso de la URSS» (Alianza), librito que le valió injurias al mostrar su desilusión: en la URSS, decía, “en todo y sobre cualquier tema, no puede haber más de una opinión”.
La mínima protesta estaba expuesta a las penas mayores y era ahogada enseguida. “Tachan de enemigo y traidor a todo aquel que no aplaude”. André Gide sostenía que se equivocó y que “lo mejor es reconocer cuanto antes mi error; pues soy responsable, en este caso, de aquellos a los que mi error arrastra”. Ahí queda eso.
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