En un caldo de cultivo como el que ha creado la Generalitat en el que hay periodistas “buenos”, los que se dejan presionar o directamente son entusiastas propagandista de la causa secesionista, y los “demás”, los que simplemente se dedican a informar, no es de extrañar que casi todas las cadenas nacionales que hicieron conexiones en directo durante la jornada del 1 de octubre o durante la huelga del 3 de octubre se encontraran con que sus reporteros eran rodeados por activistas separatistas que, en directo, les acusaban de “prensa española manipuladora” e intentaban presionarles.
Antonio García Ferreras, y muchos otros periodistas, también recibieron amenazas durante la huelga “patriótica” del martes. Por supuesto, por ser “prensa española”. Que una entidad tan poco sospechosa de ser “españolista” o “unionista” como Reporteros sin Fronteras haya denunciado ciberacoso hace unos días en redes sociales y presiones propagandísticas por parte de la Generalitat, es la guinda del pastel. El pastel de considerar el periodismo como mera herramienta de agit-prop y los medios de comunicación públicos como difusores de su propaganda.
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