El próximo 6 de diciembre vamos a conmemorar el 44º aniversario de la Constitución Española de 1978. La misma se redactó con la conciencia de que había que cerrar el largo capítulo de los enfrentamientos fratricidas entre españoles, que como simbolizó el cuadro de Genovés se fundieron en un abrazo histórico. Y ahora, cuando algunos se dedican a resucitar los viejos odios y el siniestro guerracivilismo (amparándose en la nefasta Ley de Memoria Histórica que ahora han endurecido con la totalitaria y sarcásticamente llamada ley de Memoria Democrática), me gustaría recordar y reivindicar el espíritu inclusivo, de concordia y conciliador de la Transición (que se inició en realidad con referéndum sobre el Proyecto de Ley para la Reforma Política del 18 de noviembre de 1976), donde se quiso construir una España democrática, sin vencedores ni vencidos, que mirara, ante todo, al futuro.
Este loable y sano espíritu cristalizó en un histórico Pacto y luego en la actual Carta Magna, redactada por una pluralidad de notables juristas que, al menos, sabían lo que se traían entre manos, y que a pesar de sus defectos ha propiciado el período más largo de paz, libertad, democracia, convivencia y prosperidad de nuestra historia contemporánea. Y ha posibilitado también que Cataluña y País Vasco, después de una incesante cesión de competencias, tengan desde hace décadas uno de los niveles de autonomía más elevados del mundo. Los nacionalistas catalanes con Miquel Roca (el hombre fuerte de Pujol en Madrid y uno de los padres de la Constitución), en aquellos años proclamaba sin ambages su firme respeto a la Constitución.
Cabe recordar que la Constitución fue ratificada en referéndum por el 88% de los ciudadanos y en Cataluña, además, la participación fue superior a la media española y el “sí” obtuvo más del 90% de votos, hecho que demuestra el compromiso de entonces de los españoles con los principios y valores que emanan de una Constitución que nos ampara a todos. Pues bien, desde hace varias décadas todo aquel espíritu conciliador ha sido traicionado por la izquierda y los nacionalistas que lo han hecho saltar por los aires.
Y así, nos encontramos por un lado ante un permanente órdago de los secesionistas catalanes contra el orden democrático constitucional. Los nacionalistas catalanes y vascos, siempre insaciables, han mostrado casi desde el principio una enorme deslealtad. De forma progresiva y alevosa (a los suyos les decían “avui paciencia, demá independència”), en un vasto proceso de ingeniería social han ido imponiendo de forma implacable su ideología antiespañola y contraria a la Constitución, Josep Tarradellas ya en 1981 advertía que en la Cataluña de Jordi Pujol se estaba instaurando “una dictadura blanca muy peligrosa”.
Uno de los más graves peligros, especialmente desde que Pedro Sánchez llegó al poder ha sido que los socialistas con cada vez menos base, sin programa y desnortados, pero desde su prepotencia y una pretendida superioridad moral, de la mano de la extrema izquierda, parecen haber tomado como referente a Largo Caballero y el Frente Popular de la II República y se sienten como entonces los únicos legitimados para gobernar, Como Sánchez ( que ha acreditado ser un mentiroso patológico) en realidad siempre ha tenido muy poco que ofrecer pero tiene una desmedida ansia de poder, ha tenido que aliarse y pactar con la extrema izquierda, los separatistas, filoetarras y todo tipo de estrambóticos partidos regionalistas. Con ello lo están poniendo todo patas arriba y están llevando al desmembramiento y el hundimiento de nuestro país.
El Gobierno de Sánchez aprovechó la pandemia del Covid-19 para decretar en realidad medidas políticas que cercenaban claramente la libertad y vulneraron la Constitución, que fueron posteriormente tumbadas por el Tribunal Constitucional. Y desde el principio no ha cesado en su política de contentar a los bilduetarras trasladando a los terroristas de ETA que permanecen en prisión a cárceles del País Vasco, donde después de ceder ( en 2019) la competencia de prisiones al gobierno Vasco, es este quien no tarda en conceder regímenes de semilibertad a los etarras.
Ahora ha pactado con ellos la expulsión de la Guardia Civil de Tráfico en Navarra que tanta sangre ha derramado a causa del terrorismo etarra, lo que supone una bochornosa y nueva humillación. Por otro lado, está dando vía libre al Gobierno de la Generalitat para que incumplan las sentencia judiciales, como la que obliga a impartir al menos el 25% de clases en castellano y en una nueva ignominiosa cesión a los golpistas, va ha reformar el Código Penal para derogar el delito de sedición, para alivian así mucho las penas y favorecer descaradamente a los protagonizaron en octubre del año 2017 el golpe de Estado en Cataluña, que por cierto, los que estaban en prisión, ya fueron indultados en el año 2021. Con lo que además, se facilitan futuros intentos de subversión del orden constitucional por parte de los nacionalistas. Junqueras lo ha cafificado como un gran éxito. Hay que recordar que los secesionistas no han parado de repetir, con cierta chulería, que “ho tornarem a fer! ”.
Hace unos meses Jordi Cuixart lo decía claro : «El que vam fer va ser legítim i és lícit que ho tornem a fer». Su principal objetivo es romper España e instaurar, más pronto que tarde, la república catalana y la républica vasca. El Gobierno ha decidido ir abiertamente de la mano de la extrema izquierda y de los enemigos de España, así de claro lo dijo hace unos días el exetarra Otegi. Algo inaudito, impropio de un Gobierno que juró cumplir y hacer cumplir la Constitución. Con lo que está además enviando un mensaje a Europa favorable a las tesis que defienden los secesionistas.
Y encima el Gobierno nos está vendiendo que es el artífice de la aparente normalidad que se vive en Cataluña, cuando no es más que una mera fantasía bajo la cual se esconde, todo tipo de vergonzosas concesiones al nacionalismo, un vergonzoso “trágala”, que deja los derechos y libertades de los constitucionalistas a los pies de los caballos separatistas. La libertad, la democracia y la igualdad de derechos está en grave peligro en Cataluña y en otras regiones de nuestro país. Se está construyendo un nuevo régimen que está colocando a España en una de las situaciones más graves de su Historia.
Y mientras algunos saldrán el Día de la Constitución a la calle a quemar banderas españolas y ejemplares de la Carta Magna gritando “ 6- D : Res a celebrar. Tombem el règim de 1978”, como han hecho impunemente los últimos años, En Tarragona el 6 de diciembre los constitucionalistas, los que nos sentimos españoles y catalanes, lo celebraremos, un año más, en la Plaza de la Constitución del barrio de Bonavista ( una de las pocas que conserva todavía ese nombre en nuestra provincia) a las 12 de la mañana, en un acto reivindicativo y festivo al que están todos invitados. ¡Viva la Constitución!
Salvador Caamaño Morado
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