Ser periodista en Cataluña, y no ser secesionista, se ha convertido en una profesión arriesgada. Además de la profusión de listas negras que aseguran un magro futuro si no se comulga con la “causa” de la estelada, se añade el hostigamiento en las redes sociales a los comunicadores “desafectos” y el señalamiento de aquellos que no toman partido a favor de la ruptura.
En cambio, los que apoyan al Govern de Quim Torra y su deriva separatista disfrutan de un futuro esplendoroso a base de tertulias, proyectos aprobados y ‘cariño’ institucional.
En un caldo de cultivo como el que ha creado la Generalitat en el que hay periodistas “buenos”, los que se dejan presionar o directamente son entusiastas propagandista de la causa secesionista, y los “demás” no es de extrañar que cubrir una ‘acción’ separatista sea más bien arriesgado. No siempre es así, y los activistas te dejan trabajar, pero a menudo abundan los insultos o los cánticos ofensivos.
Esta es la clave. Para los separatistas no hay prensa. Hay “prensa española” y “prensa fetén”, que es TV3, Catalunya Ràdio, RAC-1 y el resto de medios que bien por convencimiento, o porque sale a cuenta aceptar las presiones de la Generalitat porque así te cae la publicidad institucional a carretadas, acaban siendo los compañeros de viaje de los medios más declaradamente secesionistas.
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