
Hemos entrado de lleno en la Semana Santa y, con ella, volveremos a ver las procesiones, que parecen florecer con fuerza en todas partes. En ellas destaca el solemne y pausado discurrir de los artísticos pasos de Semana Santa, que avanzan acompañados entre el silencio y el eco de las bandas de música que marcan el latido procesional por las calles de Tarragona (la más famosa de Cataluña), como ocurre en Sevilla, Valladolid, Zamora y en el resto de poblaciones de España.
Sí, durante estos días, en toda España, de norte a sur y de este a oeste, las procesiones avanzan envueltas en el olor a incienso, que impregna el aire en una mezcla de fe, emoción y tradición.
Pero lo que casi nadie recuerda es que, en 1936, en la Cataluña presidida por Lluís Companys, varios miles de religiosos fueron martirizados y la gran mayoría de iglesias fue devastada sin piedad. Asimismo, todos los pasos de Semana Santa que se encontraban en ellas, la mayoría de ellos de enorme valor artístico e histórico, fueron quemados o destruidos. Por esta razón, casi todos los pasos que salen actualmente en procesión fueron realizados después de la Guerra Civil, entre los años 40 y 70 (durante el franquismo).

Para recordar la terrible persecución religiosa que se produjo en Tarragona en el verano de 1936, con la quema de iglesias, pasos de Semana Santa y el asesinato de 141 religiosos en la Archidiócesis de Tarragona, y frente a quienes se empeñan en ocultarlo mediante políticas de desmemoria histórica, miembros de la Coordinadora de la Resistencia de Tarragona han llevado a cabo, el pasado fin de semana, una pegada masiva de carteles en lugares emblemáticos de la ciudad.


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