ERC ha decidido desplegar su habitual cinismo político. Ahora, el partido que tuvo como referentes al racista Heribert Barrera y al supremacista genético Oriol Junqueras, pretende dar lecciones de ética. El grupo municipal en el Ayuntamiento de Barcelona ha registrado un ruego contra la presencia de la Selección Española en las calles.
La formación liderada por Elisenda Alamany utiliza como pretexto los gritos contra musulmanes oídos en el ‘RCDE Stadium’. Estos incidentes ocurrieron durante el amistoso entre España y Egipto en Cornellà. Para los secesionistas, cualquier excusa es válida si sirve para esconder la bandera nacional.
El ruego de ERC pide directamente al alcalde Jaume Collboni que prohíba las pantallas gigantes durante el próximo Mundial. Argumentan que buscan prevenir «problemas de seguridad o posibles incidentes racistas». Es la táctica del miedo aplicada a la libertad de reunión de los ciudadanos.
Según los republicanos, ver al equipo nacional en la vía pública podría «dañar» la imagen de la ciudad. Resulta irónico que hablen de imagen quienes han paralizado la capital catalana con algaradas constantes. Alamany justifica su censura basándose en un «riesgo probable» de altercados.
La realidad es que al secesionismo le molesta ver las calles de Barcelona llenas de aficionados orgullosos. No soportan la normalidad democrática ni el éxito de los símbolos compartidos. Prefieren una ciudad gris y sectaria antes que permitir un festejo deportivo español.
El PSC de Collboni se encuentra, una vez más, ante el espejo de sus propias alianzas. El silencio o la cesión ante ERC confirmaría que el socialismo prefiere contentar a los radicales que a sus votantes. La seguridad no se garantiza prohibiendo eventos, sino persiguiendo a los delincuentes.
Es curioso que el partido de Barrera, conocido por sus teorías sobre el ‘coeficiente intelectual’, abandere hoy el antirracismo. Es una pirueta dialéctica que busca estigmatizar a miles de seguidores de la Roja. Asociar fútbol y Selección con violencia es un insulto a la inteligencia.
ERC intenta disfrazar de preocupación social lo que es una fobia política enfermiza. Si realmente les preocupara la imagen de Barcelona, limpiarían las calles de inseguridad real. Pero su prioridad es que no se vea ni un solo gol del equipo de todos en una pantalla pública.
Barcelona no merece ser rehén de los complejos de ERC y la debilidad del PSC. Las pantallas para el Mundial son un punto de encuentro que los separatistas no pueden controlar. Por eso, su única respuesta es la prohibición sistemática bajo falsos pretextos morales.
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