En Inchaurrondo @vox_guipuzcoa se mantiene en su determinada determinación de proponer en la calle que si hay alternativa y que ETA @ehbildu no va a conseguir que el miedo nos guíe,nos guía nuestro amor profundo a España y al bienestar de los españoles. Por ellos, siempre leales pic.twitter.com/ETEU76C3AJ
— VOX Guipúzcoa (@vox_guipuzcoa) November 28, 2025
La violencia callejera ha vuelto a golpear el País Vasco. Un numeroso grupo de radicales separatistas sembró el caos en San Sebastián. El objetivo de los ataques era una mesa informativa instalada por Vox. Los incidentes se saldaron con un saldo muy preocupante. Seis agentes de la Ertzaintza resultaron heridos. Sorprende, sin embargo, el bajo número de detenidos. Solo una persona fue arrestada tras los graves altercados.
La irrupción de estos violentos abertzales fue planificada. Actuaron con la organización propia de comandos. Su comportamiento es un calco de la antigua «kale borroka». Este término fue acuñado por ETA para describir el terrorismo de baja intensidad.
Los jóvenes proetarras buscaron imponer su ley en las calles. Su acción es una demostración de fuerza. Buscan exhibir la impunidad que, creen, les ampara. Desde hace meses, se detecta un inquietante repunte de esta violencia.
La Ertzaintza tuvo que desplegar un amplio dispositivo. La intensidad policial no logró frenar a los violentos. Estos radicales de extrema izquierda llevaron a cabo su plan de sabotaje. Intentaron boicotear el acto legalmente convocado por Vox.
El escenario se deterioró rápidamente. Los proetarras se enfrentaron directamente a los agentes vascos. Incendiaron contenedores de basura. Causaron múltiples daños materiales en el mobiliario urbano de la capital guipuzcoana. El Departamento de Seguridad asegura que los manifestantes lanzaron cohetes contra los agentes, de los que seis resultaron heridos, y un manifestante de 26 años fue detenido acusado de desórdenes públicos.
La inacción o la tibieza ante estos hechos es peligrosa. La reaparición de la «kale borroka» no es casual. Es un recordatorio de que la izquierda abertzale no ha renunciado a sus métodos. Siguen utilizando la violencia como herramienta política.
El único detenido contrasta con la magnitud del dispositivo. Esto lanza un mensaje equívoco a los violentos. La permisividad ante la agresión al orden público es alarmante. El Estado de Derecho debe ser contundente. Este tipo de actos mina la convivencia democrática. Pretende imponer un pensamiento único a través del miedo. Es un ataque frontal a la libertad de expresión y de reunión. Se busca silenciar a la oposición política.
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