Le desprecio (hasta decir “¡basta!”) por tantas cosas… una de ellas es por ser cobarde; incluso aunque estuviera de acuerdo con él, le despreciaría por cobarde, y no me las quiero dar de valiente, pero él es un COBARDE de libro.
Es de cobarde todo lo que dice y hace relacionado con Franco, cinco décadas después de fallecer (Esopo: “Sólo los cobardes insultan al rey muerto”); es de cobarde salir de Paiporta como salió; es de cobarde presidir el Gobierno de España y negociar con sus enemigos; es de cobarde concebir esa negociación como una serie interminable de concesiones sin nada a cambio y pagando todo con cargo a la (única) nación; es de cobarde dejarse chantajear a diario por los separatistas; es de cobarde hablar tanto de Franco como dictador muerto y nada de Maduro como dictador vivo; es de cobarde traicionar a la Patria y pretender que insulta a los de la oposición llamándonos “patriotas”; es de cobarde su actitud personal en la política exterior con Marruecos; es de cobarde defenderse de la justicia atacando a los jueces; es de cobarde no salir a la calle pero dejarse ver disfrutando como si no hubiera un mañana en mítines y congresos, entre los suyos.
Espero que lo haya (un mañana), de urnas bien amargas para él, sus familiares, sus colaboradores todos, sus aduladores, los que viven a cuenta de sus decisiones y cuantos le han votado y pretenden seguir haciéndolo, cobardemente, sin atreverse a quitarse la venda de los ojos. Éste es de los cobardes que huyen hacia delante en lugar de hacia atrás; pero yo confío muy mucho en que el valor que a veces parece tener sea tan solo fruto de la desesperación y ese mañana sea ya mañana, lunes, y temprano si es posible.
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