Sin duda alguna, la rueda de prensa en la que Joan Laporta no dará ningún tipo de explicación convincente sobre su mala gestión en el caso de Dani Olmo va a quedar marcada por la aplastante victoria del Barça contra el Madrid en la final de la Supercopa de España. Ese dos a cinco, unida a la impotencia de los de Ancelotti, es el mejor bálsamo para un presidente que hace unos días parecía acorralado. El partido fue, para los culés, un sueño.
Para Laporta y para sus hooligans, que en el Barça siguen siendo legión, el haber ganado a los blancos una competición menor le va a servir para tapar los continuos escándalos que se producen a diario en el club azulgrana. El «que aprendan» y «al loro que no estamos tan mal» han sido los faros de su gestión tanto en su primera presidencia como en la segunda.
Una chulería y un arrojo que a muchos culés les gusta porque lo confunden con una gestión desacomplejada que, aparentemente, sirve para plantar cara al Real Madrid pero que solo está sirviendo para que el Fútbol Club Barcelona se convierta a medio plazo en una sociedad anónima deportiva en manos de algún fondo de inversión extranjero.
El Barça acabará pagando muy caro este triunfo en la Supercopa. Laporta lo va a utilizar para desviar la atención y autojustificar su mala gestión. Y ya veremos si la oposición se atreve a plantarle cara de una vez e intentar derrocarle democráticamente para provocar un cambio en la gestión de un club que sigue hundido económicamente.
Vista la cobardía de las de los oponentes de Laporta posiblemente se arruguen ante esta victoria aplastante contra el eterno rival. Y el presidente culé podrá seguir su camino hacia la conversión del Barça como una empresa en manos de un fondo extranjero. Por supuesto es solo nuestra opinión, pero el tiempo dirá si tenemos razón o no.
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