El fútbol vuelve a quedar relegado a un segundo plano cuando la maquinaria de propaganda azulgrana decide activar sus resortes. El partido disputado entre el FC Barcelona y el Athletic Club prometía ser una jornada de celebración deportiva, pero el Camp Nou terminó convertido en un nuevo escaparate de reivindicación separatista. La entidad prefirió utilizar el altavoz del estadio para la sobreactuación política antes que para ensalzar el mérito deportivo de sus propios atletas.
En el terreno de juego, la atención deportiva se centraba en el regreso de Pau Cubarsí a la alineación titular. El joven central catalán completó una actuación impecable, demostrando aplomo, solidez táctica y una capacidad de liderazgo impropia de su edad. La defensa azulgrana apenas concedió fisuras durante los noventa minutos, firmando una actuación brillante que debió ser el verdadero titular de la jornada.
Sin embargo, los méritos sobre el césped quedaron eclipsados por lo que ocurrió en las gradas. El club tomó la decisión unilateral de suspender el homenaje programado para los ocho futbolistas de la plantilla que se proclamaron campeones olímpicos con la selección española. La directiva consideró que el ambiente no era el idóneo para festejos de carácter nacional.
En lugar del merecido reconocimiento a los deportistas, las gradas del feudo barcelonista se poblaron de miles de banderas esteladas. La masa social respondió así al llamamiento de los sectores más radicalizados tras los incidentes registrados recientemente en Elche entre la policía y un aficionado. Una instrumentalización partidista que vuelve a situar a la entidad en el centro de la crispación.
Tras el pitido final, los micrófonos buscaron la valoración de los protagonistas sobre lo sucedido en las gradas. Pau Cubarsí no dudó en respaldar públicamente la postura de la entidad culé. El central justificó la cancelación del acto institucional de homenaje a los campeones del mundo y arremetió de forma explícita contra la actuación de las fuerzas de seguridad en tierras alicantinas.
En la misma línea se pronunció Joan García, quien secundó las palabras de su compañero ante los medios oficiales. El guardameta lamentó lo ocurrido en Elche y dio por buena la decisión directiva de anteponer la protesta política al homenaje deportivo. Las declaraciones de ambos futbolistas confirman la alineación sin fisuras de la plantilla con el discurso del club.
Llama la atención la celeridad con la que el relato del exceso policial ha calado en el vestuario barcelonista, avalado de forma acrítica por jóvenes deportistas que deberían mantenerse al margen de disputas ideológicas. La prudencia institucional brilla por su ausencia cuando se trata de cargar contra las instituciones del Estado.
El FC Barcelona pierde así una oportunidad de oro para actuar como un factor de integración y deportividad. En lugar de celebrar el éxito colectivo de sus internacionales con España, la junta directiva prefirió rendir tributo a la agenda separatista, dejando claro cuáles son sus verdaderas prioridades.
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