El fútbol catalán vuelve a ser utilizado como altavoz de propaganda política. Òmnium Cultural ha impulsado un llamamiento para inundar las gradas del Camp Nou con banderas independentistas durante el encuentro de esta noche contra el Bilbao (21:00). La entidad separatista busca capitalizar la tensión tras los altercados ocurridos el pasado fin de semana en Elche.
La iniciativa persigue convertir un acontecimiento deportivo de primer nivel en un acto de afirmación partidista. Bajo el pretexto de defender la libertad de expresión, la organización pretende imponer de nuevo su relato en un espacio que debería pertenecer a todos los aficionados. La maniobra demuestra el escaso interés por preservar la neutralidad institucional en el deporte.
El presidente del FC Barcelona, Joan Laporta, no ha tardado en sumarse a la consigna de la entidad radical. El dirigente culé ha confirmado públicamente que el estadio acogerá una exhibición de esteladas, alineándose sin ambages con las tesis del independentismo más beligerante. Laporta vuelve a utilizar al club como una herramienta al servicio de una causa política concreta.
La justificación argumentada por los organizadores remite a la intervención de la Policía Nacional durante la previa del partido en tierras ilicitanas. Desde los sectores soberanistas se acusa a las fuerzas de seguridad de actuar de forma desproporcionada contra aficionados que portaban este emblema. La maquinaria mediática del nacionalismo se ha puesto en marcha para victimizar de nuevo a sus colectivos, mientras el sindicato policial SUP acusa a los radicales separatistas de provocar a los agentes.
Sin embargo, el Gobierno central y las autoridades encargadas del orden público vuelven a quedar en una posición incómoda frente al desafío separatista. La permisividad institucional ante la instrumentalización del deporte evidencia la debilidad del Estado a la hora de hacer cumplir los marcos de convivencia. La pasividad del Ejecutivo alimenta las ansias de protagonismo de los sectores más radicales.
Por su parte, la directiva blaugrana olvida que la masa social de la entidad es plural y diversa. Al respaldar de forma explícita esta convocatoria, Laporta excluye a miles de seguidores que no comparten la ideología secesionista. La gestión del club prima los guiños al soberanismo por encima de la concordia entre sus propios abonados.
La policía, que actúa bajo las directrices del Ministerio del Interior, se ve envuelta de nuevo en la controversia política de la mano del relato separatista. Mientras el Gobierno mira hacia otro lado para no incomodar a sus socios de legislatura, la presión sobre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado aumenta en cada desplazamiento deportivo.
El partido frente al Athletic Club se presenta más como una manifestación política que como una cita futbolística. La connivencia entre el Barça y las entidades afines demuestra que el uso partidista de las instituciones catalanas permanece inalterable. El deporte vuelve a quedar relegado a un segundo plano por intereses puramente ideológicos.
NOTA: elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.
















