La actuación policial en Elche con motivo de la visita del Barça al estadio local ha servido de excusa para la la victimización que el separatismo llevaba meses buscando. La incautación de señeras independentistas y la agresión denunciada a un menor que se encaró con agentes y se enfrentó físicamente a ellos encendieron la chispa que el soberanismo necesitaba desesperadamente. La respuesta no se hizo esperar en las gradas del Camp Nou frente al Athletic Club.
Las entidades radicales ANC y Òmnium Cultural coordinaron una amplia campaña en redes para instrumentalizar el estadio blaugrana. El feudo barcelonista volvió a convertirse en un escaparate ideológico mediante un reparto masivo de esteladas. Las pancartas y los cánticos separatistas irrumpieron de nuevo al llegar el minuto 17:14 de partido.
Un simple incidente de previa futbolística en Elche ha sido elevado a la categoría de afrenta nacionalista. Este episodio llega en el momento más propicio para los organizadores del Once de Septiembre. Las plataformas soberanistas afrontaban la Diada con un evidente desgaste militante tras años de desmovilización y fractura interna. Las marchas descentralizadas en Barcelona, Girona y Amposta amenazaban con certificar el desinterés de la ciudadanía.
Sin embargo, los colectivos organizadores han encontrado en los hechos de Elche el lema perfecto para agitar el resentimiento. Bajo la proclama de defender los símbolos propios, la propaganda independentista intenta camuflar la falta de proyecto político real. Las consignas maximalistas vuelven a sustituir a la gestión responsable de los problemas cotidianos.
La extrema izquierda secesionista de la CUP se apresuró a rentabilizar el suceso exigiendo una presencia masiva en las calles. Los anticapitalistas apelan a la supuesta agresión del Estado para reclamar la ruptura sin miramientos. Su discurso busca arrastrar al espacio soberanista hacia posiciones de confrontación abierta con el Estado de derecho.
Por su parte, Oriol Junqueras ha confirmado su asistencia a la marcha de la Diada tras años de ausencias y desencuentros. El líder de ERC intenta reengancharse a la movilización callejera para no ceder espacio mediático a sus competidores. Este repliegue estratégico evidencia el nerviosismo que cunde en las filas republicanas.
El giro táctico del partido de Junqueras responde a la necesidad de coser alianzas con los sectores más intransigentes del movimiento. Tras haber ejercido de socio prioritario del Gobierno central y del PSC en la Generalitat, ERC necesita lavar su imagen ante las bases separatistas. El regreso a la marcha es una clara muestra de cálculo electoral frente al avance de sus rivales.
Mientras tanto, la complacencia de la izquierda gobernante en Moncloa sigue ofreciendo margen de maniobra a estas maniobras de presión. El Ejecutivo central prefiere mantener el perfil bajo frente a las provocaciones separatistas con tal de asegurar sus apoyos parlamentarios. Esa pasividad acaba legitimando la manipulación de los símbolos en los espacios públicos.
NOTA: elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.















