La política migratoria del Ejecutivo central se desmorona ante la falta de dirección y la improvisación constante. El Gobierno de Pedro Sánchez suma una nueva brecha en su bloque de investidura por su incapacidad para responder con firmeza ante la delicada situación en la frontera sur.
En esta ocasión ha sido el PNV el que ha elevado el tono de forma tajante. El portavoz jeltzale, Aitor Esteban, ha calificado de «nefasta» la respuesta de Moncloa a la crisis que afecta a la ciudad autónoma de Ceuta. Las críticas no llegan desde la oposición tradicional, sino de uno de los socios estratégicos del Gabinete socialista.
El dirigente nacionalista ha afeado que las instituciones no dispongan de información veraz a través de las vías oficiales. Según Esteban, ni el propio Ejecutivo central conoce con exactitud los datos reales de la frontera, una falta de rigor que tilda de inaceptable para un Gobierno estatal.
El acto político de fin de verano celebrado en Zarautz sirvió de marco para este contundente tirón de orejas a Pedro Sánchez. Ante la mirada del lehendakari Imanol Pradales, la cúpula del PNV quiso escenificar su malestar con un Gabinete que proyecta una imagen de descoordinación permanente.
La parálisis en el seno del Consejo de Ministros resulta evidente ante la multiplicación de portavoces accidentales. Esteban censuró la existencia de hasta ocho ministerios emitiendo mensajes contradictorios sin un criterio unificado ni una hoja de ruta definida para solucionar el problema.
El choque público entre Interior y Defensa ejemplifica a la perfección este descarrilamiento institucional. El cruce de versiones entre Fernando Grande-Marlaska y Margarita Robles sobre el papel de la inteligencia en el control fronterizo deja al descubierto las grietas del Ejecutivo.
El líder del PNV advirtió además sobre el riesgo de asumir lo sucedido como un hecho inevitable. Si el Estado acepta estos episodios sin aplicar medidas contundentes de control, la repetición de los asaltos en la frontera sur será únicamente cuestión de tiempo. El desgaste de la gestión socialista aviva la presión territorial. Tras las constantes exigencias planteadas por Junts para Cataluña, el PNV aprovecha la debilidad de Moncloa para reclamar de nuevo la transferencia del control de la inmigración para el País Vasco
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