Grande-Marlaska afirma que @interiorgob «ha estado, está y estará siempre con Ceuta».
💬 «Estuvimos en las horas iniciales, estamos hoy en el esfuerzo de recuperar la normalidad y estaremos mañana reforzando los medios y la cooperación para evitar que esto vuelva a producirse». pic.twitter.com/R0gSH982VK
— Ministerio del Interior (@interiorgob) August 28, 2026
Fernando Grande-Marlaska ha acudido al Congreso de los Diputados con un guion previsible y complaciente. El ministro del Interior ha vuelto a salir en defensa de Marruecos para calificar su cooperación como ejemplar y sostenida. Resulta asombroso que el Gobierno insista en presentar como un aliado leal a quien acaba de invadir las fronteras españolas.
La comparecencia en la Comisión de Interior se convirtió en un ejercicio de malabarismo retórico. El titular de la cartera intentó desvincular la avalancha migratoria de los flujos habituales, tildándola abiertamente como un ataque a la integridad territorial de España. Sin embargo, en el mismo discurso elogió la rapidez con la que Rabat ayudó a revertir el caos provocado.
El Ejecutivo pretende convencer a la opinión pública de que la crisis se resolvió gracias a la diplomacia preventiva. Marlaska sacó a relucir las cifras de interceptaciones marítimas en las costas africanas para justificar la dependencia del país vecino. Olvida el ministro que la llave del grifo fronterizo la sigue teniendo el palacio real marroquí.
La tibia respuesta del Ministerio ha desatado el enfado unánime de la cámara baja. Desde la oposición de centro-derecha se ha denunciado la evidente debilidad estratégica que muestra España ante las presiones de su vecino del sur. La sensación de desprotección en la ciudad autónoma es palpable mientras Moncloa insiste en rebajar la gravedad del chantaje.
El Grupo Popular echó en cara al ministro que Marruecos ha utilizado la inmigración para medir la capacidad de resistencia del Estado. Por su parte, VOX solicitó levantar el secreto de las comunicaciones entre ambos gobiernos durante los días más críticos de la erupción fronteriza. La falta de transparencia sigue siendo la tónica habitual de esta gestión.
El descontento con la versión oficial no solo proviene de la oposición. Socios habituales del Gobierno central, como las fuerzas de izquierda y separatistas, mostraron también su perplejidad ante el alineamiento ciego con las autoridades alauíes. La soledad parlamentaria del titular de Interior fue más que evidente durante el debate.
Lejos de asumir responsabilidad alguna por los fallos de previsión, Marlaska prefirió poner el foco en la reacción de la población local. El ministro arremetió contra las manifestaciones ciudadanas convocadas en Ceuta tras los graves altercados vividos en las calles. Un señalamiento inaceptable hacia quienes han sufrido de primera mano la tensión en sus barrios.
Sorprende la firmeza que muestra el Ministerio hacia la indignación de los ceutíes en comparación con su laxitud ante el desafío soberanista del reino alauí. El titular de la cartera apeló a la serenidad y al sentido de Estado, pero evitó con celo condenar de forma explícita los ataques padecidos por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.
Nuestros policías, guardias civiles y efectivos del Ejército desplegados en la frontera merecen un respaldo institucional firme e incondicional. Resulta desalentador constatar cómo el responsable de las fuerzas de seguridad prioriza no soliviantar a las autoridades de Rabat antes que defender la labor de los agentes sobre el terreno.
La gestión de esta crisis deja al descubierto la fragilidad de la política exterior y de seguridad del Gobierno de Pedro Sánchez. Fiar la tranquilidad de Ceuta y Melilla a los vaivenes de la geopolítica marroquí es un error de cálculo que España no puede permitirse por más tiempo.
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