La invasión de Ceuta está plenamente en marcha, es decir, la invasión de España absolutamente en marcha. Antes del 30 de julio y durante los quince días previos ya habían entrado 2.000 invasores, lo cual es denunciado por el presidente de Ceuta, al que el presidente del Gobierno no le coge el teléfono, y quien lo hace le dice que no se preocupe. Tras ello, más de 80.000 invasores entran en Ceuta, 60.000 reciben la orden de regresar a Marruecos al día siguiente y quedan entre 10.000 y 20.000 invasores desde el 30 de julio.
Una ciudad española en la que la libertad de sus habitantes está cercenada, su seguridad no existe, su sanidad colapsada, su economía absolutamente dañada, sus vacaciones de verano eliminadas, su juventud bloqueada y la defensa de la frontera española y europea, traspasada y vencida.
Una invasión que ha establecido una cabeza de puente muy sólida con personas en edad militar y también una proporción de menores en perfecta combinación para poder provocar el mayor caos, incluyendo un cúmulo de desórdenes y violaciones diarias, además de ser portadores de diversas enfermedades que son una bomba de relojería en una situación de hacinamiento sin precedentes, que solo ello es fuente de cualquier brote incontrolable, como demuestran las 45.000 dosis de vacunas solicitadas hace tres días por la ministra del ramo, la misma que decía que no había problema ninguno y todo estaba en orden, acusando de prejuicios xenófobos a los que han denunciado el caos.
Un presidente de Gobierno desaparecido todo el mes llega a Madrid el lunes y el martes convoca un Consejo de Seguridad, 26 días después de la invasión, para irse de nuevo a vacacionar en Andorra, que la última hora dice que ha suspendido ante las presiones, y nombrando un coordinador para esta situación caótica, dándose 4 meses por decreto para resolverlo, en el posterior Consejo de Ministros. No preside el Rey ese Consejo de Seguridad y, días antes, es insultado por un ministro para después afirmar que la agenda del Rey la marca el Gobierno, eso sí, sin desautorizar, en cambio, al ministro de Justicia marroquí, que por dos veces desde el 30 de julio dice que Ceuta y Melilla son de Marruecos, y tampoco, anteayer, al ministro de Asuntos Religiosos, que delante del Rey de Marruecos señala que Ceuta y Melilla les pertenecen.
¿Cómo puede llamarse a un Gobierno que, en sede parlamentaria, la ministra de Defensa dice que se conocía vía servicios de inteligencia lo sucedido y el ministro del Interior y la Delegación del Gobierno en Ceuta la desmienten, y el presidente de Gobierno, callado, preparando sus maletas para Andorra?
No solo un Gobierno de «Pancho Villa», sino un Gobierno cuyo máximo responsable es un irresponsable de tomo y lomo. Por supuesto que se sabía y, además, el día de la entronización del Rey de Marruecos, habiendo indultado, además, a 1.700 malhechores. Un presidente de Gobierno vendido y traidor a su nación. Un personaje nefasto e inspirado en las enseñanzas de los lupanares, tampoco se atreve a denunciar 150 muertos de la parte de la invasión, tampoco ayer la agresión a cuatro militares españoles en España por invasores y sin denunciar nada, y así no se puede ser presidente de Gobierno de ninguna manera, aunque así tampoco se puede ser absolutamente nada.
Esta traición a España protagonizada por el presidente del Gobierno, por no haber impedido la invasión que conocía, por no denunciar al país invasor y por permitir la invasión 28 días después, supone lo que debe ser pedir cada minuto y todos los días la destitución fulminante y la imputación de quien está siendo protagonista de un delito de lesa patria y de alta traición a España.
Amalio de Marichalar. Conde de Ripalda, 27 de agosto de 2026
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