Cumpliendo con una reclamación puesta encima de la mesa desde el primer momento, tras la invasión que sufrimos de Ceuta por parte de Marruecos y aunque se quiera dudar de ello al camuflarse sus anhelos expansionistas en una aparente desesperación migratoria de sus súbditos, la vuelta a la actividad del pasota veraneante que preside el Gobierno de España ha cumplido con esa reiterada petición del presidente de Ceuta. Ya tenemos un nombre para el mando único que se responsabilice de lo que está sucediendo en la capital española al otro lado del estrecho de Gibraltar.
El elegido ha sido el ministro Ángel Víctor Torres, responsable de la política territorial. Una elección que parece razonable atendiendo a su cargo y, de rebote, siendo originario de otro territorio español en el punto de mira expansionista de los fanáticos provocadores de Rabat, que parece bastante consecuente.
Sin saber la efectividad de esta decisión, partiendo de la base de que todo lo que huele a sanchismo sabemos que prioriza los intereses de la mafia corrupta del PSOE por encima de los generales de España, nos tocará esperar a ver los acontecimientos. Realmente creo que son previsibles las conclusiones, pero me ahorraré manifestarlas por el momento. Lo evidente es que, con esta decisión, dejando de lado la solución en manos de Defensa, por ejemplo, podemos hacernos a la idea de que la sumisión y condescendencia estará encima de la mesa. Posibles alternativas contundentes y disuasorias, que muchos hubiésemos preferido, se quedan en el tintero.
No olvidemos que, verse señalado por Sánchez para un determinado cometido de envergadura supone un alto riesgo al quedar demostrado que suele errar en su criterio. Remitámonos, por ejemplo, al precedente de Ábalos en la moción de censura que le llevó al poder y su final con condena firme tras tanta mentira y manipulación del electorado. En este sentido, el ministro que ahora ha sido elegido ya se ha visto inmerso en la duda, estando señalado en las listas de beneficiarios y de participantes en los fiestorros que todos sabemos, por lo que conviene recordarle que ser hoy el elegido del “puto amo” no garantiza que, si a éste le conviene más adelante, apele a total desconocimiento o al conocimiento de la persona por un mero cruce en el ascensor si con ese argumento puede lograr desvincularse de un hipotético apestado.
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