Está demostrado que cuando sentimos miedo, nuestro sudor cambia (a causa de ciertas hormonas que son liberadas por el organismo) y eso lo huelen los perros muy bien, lo que hace que ladren y muerdan aprovechando la impunidad que sienten. En geopolítica también está demostrado que cuando un Estado huele la debilidad de otro, se lanza al ataque con mayor probabilidad (y un ataque más híbrido cuanto más perro sea el gobierno de ese Estado).
En 1975 agonizaba Franco; Hasán II olió la debilidad del régimen y organizó una invasión al Sahara español que denominó “Marcha Verde” y que vistió de pacífica con 350.000 voluntarios desarmados, muchos de ellos mujeres y niños, aunque acompañados de 25.000 soldados. Pésimo precedente…
En 2002, estaría Marruecos olisqueando, sí, pero poca debilidad olería cuando sólo seis gendarmes ocuparon tranquilamente el pequeño y vacío islote de Perejil. Menos debilidad aún pudieron oler a continuación en la respuesta española, dada la acción diplomática, la planificación militar y la gestión de la opinión pública que siguieron.
En 2026, más que instalado en Moncloa el actual desgobierno, huele por todas partes a debilidad (el fuerte olor llega a Rabat). Es el mismo olor de la incoherencia, de la falta de sentido común, de las grietas en la cohesión del gobierno de coalición, de los cambios de opinión sobre amnistías y otros. Es el tufo del buenismo sin sentido, de las ausencias por vacaciones. Es la fetidez del menosprecio al Congreso y al Senado, de la manipulación de la opinión pública, de la okupación de las instituciones, del combate contra el poder judicial, de la acracia, de la caradura ante los micrófonos.
Es la pestilencia de las respuestas a los ataques del indigenismo mexicano o de los independentismos vasco y catalán y las correspondientes interminables cesiones, de la opacidad de la negociación sobre Gibraltar, la inacción contra el narcotráfico… Es la hediondez de la corrupción de altas instancias del Estado, de los amiguetes y familiares de quienes las rigen. Es el asco que produce el muro divisorio de los españoles, con ladrillos puestos por el propio Presidente de su Gobierno desde el mismo atril del Congreso, un muro que sólo incita a mear y eso huele muy mal; el del desprecio manifiesto al principio de la alternancia en el poder, el sentirse más obligado a defender la frontera rumana que interesado en blindar la de la playa del Tarajal; el de activar ayuda a una Comunidad Autónoma o esperar a que la pida, según el partido que la gobierna.
Es la náusea que provoca la aversión indisimulada de miembros del poder ejecutivo hacia la Jefatura del Estado y símbolo de su unidad y permanencia. Es la peste del cáncer que empezó en 2004 (antes de lo de las joyas) y de su metástasis actual (después de lo de las saunas). Comunicar a Mohamed VI de repente, sin consenso nacional, sin ONU, sin más necesidad que -presuntamente- la provocada por el spyware Pegasus, que el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental es “la base más seria, creíble y realista para resolver el conflicto”, no es diplomacia de alto nivel sino ofrecer debilidad para que sea olida. Chamberlain se reunió con Hitler para regalarle los Sudetes y evitar así otra guerra mundial; se abrieron inmediatamente las fosas nasales del Canciller del Reich. Hubo otra guerra mundial, como hay ahora reivindicación sobre Ceuta y Melilla (de momento, porque tenemos más “sudetes” en África) en base al “derecho histórico y geográfico” (imaginación no faltará nunca) según ministros del gobierno marroquí. El chantajista es insaciable por naturaleza, de eso sabemos mucho en mi patria chica.
Como estos majaderos nos tienen acostumbrados a oírles decir una cosa y la contraria, al “Ceuta y Melilla no se tocan” de la ministra de defensa, ¿seguirá ahora la afirmación presidencial acerca de que “el diálogo marroquí sobre las dos ciudades es la base más seria, creíble y realista para resolver el conflicto”?. De eso también sabemos mucho en mi patria chica: crear un conflicto y llamar al diálogo para resolverlo; si se consiente, ya hemos ganado; si no se consiente, el mundo ha de saber que España es casposa e intratable, la eternamente intolerante. Poco a poco vamos deslizando la ventana de Overton en el sentido que interesa, ni más ni menos; ya dijo una exministra socialista (Tetuán, 2022) que la reivindicación marroquí está “plenamente justificada”, tal vez esté diciendo hoy que la invasión también lo está.
Como ve usted, dejo a un lado conscientemente todo lo relativo a la obligación, moral y legal, de atender las crisis humanitarias, como dejo la de no provocarlas. No me cabe duda de que se trata de una acción hostil, aprovechando esta apestosa debilidad, que no reconocerá Gobierno del Estado responsable ni sabe gestionar el Gobierno del Estado víctima. Siento vergüenza y no se me va de la mente la redacción del art. 582-1 del Código Penal (“facilitar al enemigo la entrada en España”… ¿hay que declarar una guerra formal para que exista tal “enemigo”?, ¿y las híbridas?) y del art. 102 de la Constitución Española de 1978 (“la responsabilidad criminal del Presidente y los demás miembros del Gobierno” (…) “si la acusación fuere por traición o por cualquier delito contra la seguridad del Estado en el ejercicio de sus funciones”…). Y ahora me apetece decir ¡Viva España!; usted tíldeme de lo que quiera (pero no es miasma, es fragancia).
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