La presión diplomática del Reino de Marruecos sobre los territorios españoles en el norte de África suma un nuevo episodio preocupante. Las reivindicaciones irredentistas sobre Ceuta y Melilla han vuelto a colarse en un acto oficial de la máxima relevancia institucional en Rabat.
El ministro de Asuntos Islámicos marroquí, Ahmed Toufiq, ha aprovechado una festividad religiosa para poner en duda la soberanía española. Durante su intervención, el representante del Gobierno alauí defendió abiertamente la pretensión territorial de su país sobre ambas ciudades autónomas.
El escenario elegido para estas manifestaciones no es baladí ni casual. El discurso se pronunció en el Palacio Real de Rabat durante la conmemoración del Eid al Maulud, una ceremonia presidida directamente por el rey Mohamed VI.
Para justificar sus pretensiones, Toufiq recurrió a referencias de eruditos islámicos nacidos en la zona antes del siglo XVI. El ministro utilizó estos argumentos históricos para evocar antiguos conceptos de lucha y reclamar la titularidad de los enclave españoles.
El acto contó con la presencia de la cúpula del poder marroquí, incluidos los presidentes del Parlamento, ministros, altos mandos militares y el cuerpo diplomático. Ninguno de los presentes matizó ni cuestionó las palabras del titular de Asuntos Islámicos.
Esta embestida verbal no representa un hecho aislado ni una simple ocurrencia individual. Se suma a las recientes declaraciones del ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, quien también reivindicó pretendidos derechos históricos y geográficos sobre Ceuta y Melilla.
La concatenación de estas proclamas evidencia un patrón de hostigamiento ideológico por parte del Ejecutivo marroquí. Rabat aprovecha de forma sistemática cualquier escaparate institucional para insistir en unas aspiraciones territoriales inaceptables para España.
Resulta alarmante la tibieza con la que el Gobierno de Pedro Sánchez encaja estos constantes desplantes de la diplomacia marroquí. La política de apaciguamiento y concesiones mantenida por la izquierda española en la gestión con Marruecos muestra de nuevo su absoluta ineficacia.
Defender la integridad territorial y la españolidad innegable de Ceuta y Melilla exige un discurso contundente y sin ambigüedades. El Ejecutivo de Pedro Sánchez no puede seguir mirando hacia otro lado mientras los ministros del país vecino cuestionan nuestras fronteras.
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