El verano no da tregua a las controversias sobre la convivencia lingüística en las infraestructuras públicas. Un nuevo episodio ha encendido las redes sociales y reavivado el debate sobre cómo el separatismo infla presuntos conflictos lingüísticos por razones políticas.
El periodista Francesc Xavier Muixí, que en su perfil de X usa la expresión «Països Catalans», ha denunciado en esta red lo ocurrido en un mostrador de alquiler de coches de la empresa Goldcar en el aeropuerto barcelonés de El Prat. Según su testimonio, la compañía se negó a entregarle el vehículo contratado.
Este periodista asegura que la reserva estaba completamente formalizada y el automóvil ya asignado. Sin embargo, la gestión se encalló de forma inesperada cuando la empleada comenzó a poner trabas con la identificación.
El cliente mostró que los datos de la reserva coincidían con los de su tarjeta bancaria. Pese a ello, este periodista asegura que la trabajadora se negó en redondo a completar el trámite para la entrega. El fondo de la disputa surgió cuando, según este periodista defensor de los Països Catalans, la empleada recriminó abiertamente al usuario que siguiera dirigiéndose a ella en catalán. Argumentó la dependienta que no tenía obligación alguna de entender esa lengua y que solo el castellano y el inglés son obligatorios.
El usuario asegura que respondió que por cortesía y ubicación debería comprenderlo, sin que hasta ese instante el idioma hubiera impedido, según su testimonio, el entendimiento mutuo. Ante la tensión creciente, el periodista asegura que optó por cambiar al castellano para intentar desbloquear la situación. Según Muixí la empleada, lejos de reconducir la atención, dejó de hablarle y le exigió que abandonara el mostrador.
Añade que la intervención de un segundo trabajador tampoco resolvió el problema. Surgió entonces, según Muixí, una discrepancia técnica por la grafía de la firma en la documentación. El cliente calificó el trato recibido de arbitrario y motivado por un sesgo ideológico. Tras exigir la correspondientes hojas de reclamaciones, decidió abandonar el lugar y contratar el servicio con otra firma automovilística.
El suceso vuelve a poner de manifiesto cómo la polarización sobre las lenguas cooficiales salta a menudo para vender teóricos agravios al catalán. Un presunto conflicto cotidiano que se magnifica por el nacionalismo para provocar en redes un linchamiento mediático a una trabajadora y a una empresa por motivos lingüísticos.
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