El panorama político en Cataluña vuelve a teñirse de incertidumbre por las cuitas internas de los republicanos. Los sectores más radicales de ERC han alzado la voz contra Oriol Junqueras, tal y cómo ha desvelado el digital El Español. El motivo no es otro que el aparente entreguismo del líder ante el Gobierno de Salvador Illa en la negociación presupuestaria.
Los críticos, agrupados en la corriente Nova Esquerra Nacional en torno a figuras que recelan de la actual dirección, advierten de una rebelión interna. No están dispuestos a que el partido valide unas cuentas que no garanticen el control total de los impuestos. Exigen que la Generalitat recaude el 100% del IRPF, tal como se prometió en los acuerdos de investidura.
Sin embargo, Junqueras parece haber rebajado sus pretensiones iniciales ante la presión del PSC y el PSOE. El líder separatista ya no habla del IRPF como una línea roja infranqueable. Ahora se abre a estudiar alternativas si los socialistas no cumplen su palabra, lo que ha encendido todas las alarmas en el sector de ‘Nova Esquerra Nacional’.
Para este grupo de opositores, cualquier cesión ante Illa es una «tomadura de pelo» a la militancia. Acusan a la cúpula de dar una estabilidad gratuita a un Govern que no tiene intención de cumplir sus compromisos. La desconfianza hacia el Palacio de la Moncloa y su sucursal catalana es absoluta entre las bases.
El PSC, por su parte, juega al despiste mientras intenta ganar tiempo retirando proyectos de ley. Salvador Illa confía en que el cansancio y las cuitas internas de los secesionistas acaben por allanar el camino. El socialismo catalán se siente cómodo en esta ambigüedad, prometiendo soluciones que nunca terminan de materializarse en el BOE.
En las próximas semanas veremos si la amenaza de rebelión se sustancia o si queda en papel mojado. Lo único cierto es que Cataluña sigue siendo el tablero de juego de unos políticos más preocupados por sus siglas que por el interés general. El caos está servido en el bando separatista.
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