El RCD Espanyol femenino cumplió este sábado con su objetivo prioritario. Las blanquiazules vencieron al Levante por 1-0 en la Ciudad Deportiva Dani Jarque, un resultado que certifica matemáticamente su permanencia en la Liga F. Un solitario gol de Naima García antes del descanso fue suficiente para amarrar tres puntos de oro que permiten al equipo respirar con tranquilidad en este tramo final de la temporada. Sara Monforte, la entrenadora, ha cumplido con solvencia el objetivo marcado.
Lograda la salvación, el foco se desplaza ahora a los despachos. La afición perica espera que esta permanencia sea el punto de inflexión definitivo bajo la gestión de la nueva propiedad encabezada por Alan Pace. Tras unos años de excesivo sufrimiento y un paso por la segunda categoría, el club necesita una inversión real y decidida en su sección femenina para abandonar la zona baja y recuperar el estatus perdido.
La historia del Espanyol femenino exige mucho más que la simple supervivencia. No hay que olvidar que este equipo es uno de los pioneros y más laureados de España, con un palmarés que incluye una Liga (y tres subcampeonatos), además de seis Copas de la Reina (y cuatro finales perdidas). Es un gigante del fútbol nacional que, por historia y escudo, debe estar diseñado para competir de tú a tú con las mejores.
El reto para la directiva de Alan Pace es devolver al equipo a la lucha por los títulos y las posiciones europeas. El fútbol femenino ha evolucionado hacia una profesionalización extrema que requiere estructuras sólidas y fichajes de primer nivel. Para que el Espanyol vuelva a ser ese equipo temido que levantaba trofeos, la inversión debe ser proporcional a la ambición de una entidad que quiere dejar de mirar hacia el descenso.
La cantera y la base actual han demostrado compromiso, pero el salto de calidad solo llegará con un respaldo económico que permita planificar la próxima campaña con miras altas. Clasificarse para competiciones continentales y volver a ser protagonistas en la Copa de la Reina no deben ser sueños lejanos, sino objetivos marcados en la hoja de ruta del nuevo proyecto deportivo e institucional.
El triunfo ante el Levante es el final de una etapa de resistencia y el inicio, según espera el entorno perico, de una era de crecimiento. Con la categoría asegurada, ya no hay excusas para no apostar fuerte por una sección que es patrimonio del club. El Espanyol femenino tiene el ADN de los campeones; ahora solo falta que el proyecto de Pace le devuelva las herramientas para volver a ejercer como tal.
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