El panorama político en Barcelona está sufriendo un vuelco de grandes proporciones. El último barómetro municipal ha encendido todas las alarmas en el cuartel general de los separatistas de Junts per Catalunya. La formación que fue la más votada en las pasadas elecciones municipales se desploma de forma estrepitosa en la capital catalana.
Los datos de intención directa de voto reflejan un desgaste irreversible de las fuerzas que apostaron por la confrontación y la parálisis institucional. La gran sorpresa del sondeo de la Oficina Municipal de Dades la protagoniza la derecha no separatista. VOX, encabezado en Barcelona por Gonzalo de Oro, ha logrado superar a la marca de Carles Puigdemont en intención directa en la ciudad, alcanzando un 2,7 por ciento frente al preocupante 2,6 por ciento de los postconvergentes.
Este sorpaso evidencia un cambio de ciclo donde el votante barcelonés empieza a priorizar la seguridad frente a las derivas rupturistas. La resistencia cívica al nacionalismo obligatorio empieza a dar frutos en los estudios de opinión. La caída de Junts no es un hecho aislado, sino que constata el fracaso del relevo tras la marcha de Xavier Trias por Jordi Martí.
La formación independentista cae hasta la séptima posición, viéndose superada también por el Partido Popular de Daniel Sirera. Mientras la izquierda intenta maquillar el desgaste de la ciudad, el centro-derecha y la derecha alternativa demuestran que existe una base sólida dispuesta a plantar cara al oasis de conveniencia que intentan imponer desde las instituciones.
Por su parte, el alcalde socialista Jaume Collboni se mantiene en cabeza de la encuesta gracias a la enorme fragmentación de la oposición. El PSC se aprovecha de una altísima bolsa de indecisos, que roza el cuarenta y cinco por ciento, para vender una estabilidad totalmente ficticia. La realidad de la gestión socialista en Barcelona sigue marcada por la condescendencia con los sectores más radicales y la falta de valentía para atajar los problemas estructurales.
El actual gobierno municipal sobrevive más por el demérito ajeno que por el acierto propio. Las verdaderas preocupaciones de los barceloneses no figuran en las agendas ideológicas del Ayuntamiento. El acceso a la vivienda y la alarmante falta de seguridad ciudadana vuelven a consolidarse como los principales dolores de cabeza de los vecinos. Los discursos biempensantes de la izquierda que gobierna y los delirios identitarios del separatismo han dejado desprotegidos a los barrios históricos.
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