Qué es, qué no es y qué debe ser Tabarnia

Tabarnia es un fenómeno mediático de incalculables consecuencias. En solo tres días convirtió una ocurrencia en las redes en la mayor amenaza contra el nacionalismo.

Siendo pura ficción, seguidores y adversarios la tratan como real. Una broma muy seria. De ahí su poder.

Su éxito incontestable nace de haber asumido los dogmas más detestables del enemigo contra los que ha nacido, para una vez metabolizados como propios, reflejarlos en el espejo del nacionalismo. En él no pueden escapar de sus miserias.

Fórmula pasmosamente sencilla, increíblemente eficaz: Obligar a los nacionalistas a enfrentarse a sus contradicciones, a convivir con sus mentiras, con su egoísmo, a contemplar la pestilencia de sus sofismas, de sus mentiras, a sufrir en carne propia el derecho a decidir, a prescindir de su piel de cordero para imponer sus tesis. ¡Ay La revolución de las sonrisas!, nunca antes una revolución tuvo nombre tan postizo. Todo esto y más queda en cueros ante la eficacia del sarcasmo de Tabarnia. En ese sentido, la burla es como una cloaca cuya pestilencia muestra el alma negra del nacionalismo envuelto en una inmensa carcajada.

Los reflejos más crueles del espejo se regodean en el reverso del espoli fiscal, Espanya ens roba, balanzas fiscales, o del dret a decidir. Con saña, con la rotundidad que dan las cifras. Ahora la España subsidiada frente a la Cataluña productiva de vagos y muertos de hambre que se pasan la vida en el bar sin pegar palo al agua, ya no es la de andaluces y extremeños, sino la Cataluña interior sobreprotegida por los excedentes de la Cataluña metropolitana, cosmopolita e industriosa. O sea, Tabarnia. Con el 75% de la población, posee 18 puntos más de PIB per cápita que la Cataluña nacionalista del interior, rural y subsidiada donde el nacionalismo es mayoritario.

El corazón de Tabarnia, Barcelona, aporta a las arcas de la Generalidad el 82,3% de los ingresos de toda Cataluña, pero sólo recibe el 64,9%. Eso significa que por cada 100 euros que paga la Ciudad de los Prodigios al gobierno catalán, le esquilman 17,4%. Unas balanzas fiscales más negativas entre Tabarnia y la Cataluña nacionalista del interior, que las de Cataluña respecto al resto de España. El déficit fiscal de los tabarneses se convierte así en expolio fiscal. De ahí, que en Tabarnia, a imagen y semejanza de los nacionalistas, se sientan robados y exijan el derecho a decidir para separarse de la Cataluña nacionalista, ser insolidarios con el resto de catalanes, menos productivos y subsidiados. Vivirán mejor, tendrán menos cánceres y comerán helado de postre cada día. O eso decían los separatas del oasis catalán hasta la huida de empresas en masa. No es extraño que los tabarneses exijan su propio oasis. La cosa más natural del mundo, ¡jeje!

No hay mejor cuña que la de la propia madera. Donde las dan, las toman. La ley de Claridad de Quebec como amenaza de divisibilidad. Un bumerán como respuesta al abuso. La inversión de uno de los valores cristianos más universales: ama a tu prójimo como a ti mismo. O si quieren en versión kantiana, no hagas con el otro lo que no quieres que hagan contigo. Ya ven lo que esconde la broma inocente de Tabarnia.

Por si las razones insolidarias no fueran bastante, la ley electoral esquilma a las zonas cosmopolitas más productivas, modernas y no nacionalistas, que encajan con Tabarnia. Respecto a las últimas elecciones del 21D, por cada persona que votó en Lérida (en total 16.008, el valor de un escaño), en Barcelona (38.496) han de votar casi dos personas y media más (2,40), y respecto a Gerona (23.963), Barcelona ha de votar más de una persona y media (1,60).

Amparados en esta coz a la máxima democrática de “un hombre, un voto”, los nacionalistas se han beneficiado desde la Transición de la ley electoral española, que el Parlamento Catalán nunca quiso revisar. La única ley española (LOREG) que, teniendo legitimidad para hacerla más justa, nunca quisieron cambiar.

En medio de este incendio en las redes, una chirigota de los Carnavales de Cádiz, ha otorgado a su público “el derecho a decidir” si le cortaban el pelo a Puigdemont o su cabeza. Y el pueblo, acogiéndose al derecho a decidir, decidió democráticamente cortarle la cabeza. Cómo para tomarse a chirigota el dret a decidir

¡Qué tiempos tan extravagantes nos ha tocado vivir! Ahora tienen más valor y eficacia unas risas que todos los argumentos racionales del mundo. Lo que no pudo rebatir la matemática, el dato empírico o el Imperio de la Ley contra el dret a decidir, lo puede una chirigota de Cádiz inspirada en una comunidad autónoma digital.

¿QUÉ NO ES TABARNIA?

Tabarnia no es lo que dice ser, sino su reverso. Su ser consiste en negarse para afirmarse en su negación. Su enunciado sólo es un instrumento para denunciar la impostura, para desnudar las falacias del nacionalismo por elevación.

Tabarnia surgió de la desesperación ante el insoportable abuso de una casta separatista fanatizada, cuyo odio anegaba cada átomo de la vida social. Su delirio había alcanzado ya hasta las relaciones entre amigos, a la propia familia y empezaba a destruir la paz social. En el camino había dejado exclusión cultural y lingüística, había roto los lazos afectivos con el resto de españoles, había desmantelado la economía, reducido el turismo, ahuyentado la inversión, y miles de empresas huían ante la falta de seguridad jurídica. Nos querían sacar de Europa, nos querían arrojar al infierno, costase lo que costase. Una casta de delincuentes sin conciencia de serlo, lo eran en su peor versión, la de acabar con las leyes democráticas, que nos habíamos dado todos, para obrar con total impunidad. No hablo sólo de políticos y propagandistas camuflados de periodistas, señalo a la inmensa mayoría que les votaba. Tras un falso velo de la ignorancia (John Rawls), satisfacían sus instintos supremacistas en las urnas.

Por contraste, Tabarnia no es todo eso, sino la conciencia de su impostura. Si Tabarnia se afirma desde su mayor renta per cápita frente a la Cataluña interior, rural, no es por soberbia ni insolidaridad, mucho menos por desprecio clasista a payeses y ciudadanos bucólicos, pues ellos, como los tabarneses son iguales ante la ley, ciudadanos libres e iguales en derechos y obligaciones, vivan donde vivan del territorio español. Un campesino, un payés que labra la tierra con su tractor no es mejor ni peor que un ingeniero o un repartidor de pizzas de Tabarnia, todos han de colaborar con sus impuestos a la justicia social, sin atribuirse privilegios por vivir en un territorio donde el PIB sea mayor. Toda generalización es falsa, en este caso, además, deja a la intemperie tanto a constitucionalistas que viven y trabajan en la Cataluña interior como a españoles de otras comunidades que cometen el error de confundir a los nacionalistas con todos los catalanes, sin percibir que dejar a su arbitrio a los nacionalistas (“¡que se vayan de una puta vez y nos dejen en paz”!) es abandonar a su suerte a miles de catalanes que se sienten tan españoles como ellos, pero sufren sus consecuencias más que ninguno de ellos.

Tabarnia sólo es la sombra de la mala conciencia, no la oportunidad de emular la obscenidad de los separatistas. Si el veneno separatista mata la solidaridad social, Tabarnia es idéntico veneno en manos de los médicos que, a dosis adecuadas, cura.

Y en su práctica política, Tabarnia no es una República al modo y manera de la Cataluña separata, ni pretende la separación de España, sólo la aspiración a convertirse en una nueva Comunidad Autónoma, separada del resto de Cataluña y formada por municipios de Barcelona y Tarragona. Una aspiración constitucional, como alcanzaron en la Transición la Comunidad de Madrid, Cantabria o la Rioja respecto a Castilla, por ejemplo. Tal estatuto permitiría a los Tabarneses librarse del yugo nacionalista y vivir sin adoctrinamiento escolar, con libertad lingüística, bajo el amparo de la Constitución española y la Unión Europea, a salvo de aventureros separatistas, y unidos de nuevo al resto de españoles por lazos afectivos y solidaridad económica, compartiendo sin complejos la historia común que hemos heredado de nuestros antepasados.

¿QUÉ DEBE SER TABARNIA?

Tabarnia es pura ficción, una realidad virtual surgida de la interacción de voluntades a través de las Redes Sociales. Darle también realidad empírica, física, política y jurídica puede ser una aspiración. Toda obra humana es convencional, ¿por qué Tabarnia no puede llegar a ser una nueva Comunidad Autónoma?

Antes que nada, debe ser lo que ya es, una realidad virtual como instrumento para neutralizar al separatismo. Lo cual no quiere decir que se quede solo en eso, o que su realidad sea sólo ficción. Nos sirve incluso para ampliar la teoría de los tres mundos de Karl Popper.

Platón concebía una realidad dual, el mundo de las ideas (el de los conceptos, el del conocimiento, el de las ideas puras y ontológicamente reales), y el mundo sensible (el físico, el de las apariencias y el cambio). Popper añadió un tercero. Para él existen 3 categorías de realidad, la del mundo físico, la de los objetos, sean de la naturaleza que sean; la de la realidad subjetiva provocada por nuestra mente, nuestras emociones y pensamientos; y la del conocimiento objetivo surgido de la interacción entre el mundo de los objetos y de la subjetividad de la mente, y que cuaja en la cultura, una tercera realidad que comprende el avance de la humanidad y construye civilización.

Pues bien, con la irrupción de Internet, ha irrumpido una realidad paralela a la de los objetos, el mundo digital, que compite con ella, a menudo distorsionando la realidad del conocimiento objetivo de Popper. La posverdad es un ejemplo. Esta cuarta realidad aumenta la entropía, crea confusión, enturbia la teoría de la falsación teorizada por el propio Popper, que nos garantiza la objetividad y la ciencia.

Desde ese universo nuevo y alucinante, Tabarnia se nos revela como una realidad paralela para competir con la realidad física, política y jurídica de la Comunidad Autónoma de Cataluña.

Su ficción tiene la capacidad de competir con la realidad, y como tal, transmutarse en realidad jurídica, tan legítima en el mundo de la realidad cultural creada por nuestras instituciones democráticas como la comunidad autónoma que los nacionalistas quieren desgajar de España. Incluso adherirse a ella territorios ahora no incluidos en el perímetro de Tabarnia, pero que ya han mostrado su disposición a hacerlo. Como el caso de LLívia.

Por todo ello, si además de ficción digital, puede sustanciarse en una nueva comunidad autónoma, antes que nada, debe huir de cosificarse en una ideología política. Tabarnia debe ser un espacio de juego, un escenario político, la forma donde puedan beber partidos de izquierda, de centro, o de derechas, con esta u otra religión o sin ninguna, en cuyo seno puedan convivir monárquicos y republicanos, con una lengua o la otra en total libertad, y todos tengan al Estado Social y Democrático de Derecho como la referencia indiscutible, a España como su nación, y a Europa como su referencia cosmopolita de futuro. Si alguien pretendiese reducirla a una baza electoral, habría comenzado su ruina.

Y del mismo modo que ninguna ideología, religión, clase social, modelo lingüístico, etc. han de monopolizar su reclamación, todos los partidos políticos, asociaciones, plataformas cívicas, etc. que la consideren una buena herramienta para neutralizar al nacionalismo, deberían dar su apoyo a la aspiración futura de convertirse en una Comunidad Autónoma. Mientras el statu quo sea este Estado de las autonomías, todos los territorios tienen derecho a gritar ¡Viva Cartagena!, y que Dios nos coja confesados. Desde esa posición, Centro izquierda de España (dCIDE), que considera el actual Estado de las Autonomías inviable por la falta de lealtad al Estado y por la sangría económica que representa, dará su apoyo. Pero antes que ninguna otra cosa, Tabarnia debe ser alegría, ironía, divertimento. Que ya nos tocaba.

P.D. El martes, a las 11 h. se presentará en rueda de prensa Tabarnia. Su presentación correrá a cargo de su portavoz, Jaume Vives, ya saben, el joven del balcón de Balmes que contrarrestó la tabarra de las cacerolas separatas con el ¡Y viva España! de Manolo Escobar, el catalán tranquilo, Joan López Alegre, y Miguel Martínez.

Antonio Robles, Profesor de filosofía, periodista, escritor y portavoz de dCIDE.

 

 

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