TV3 será el Valle de los Caídos de Cataluña

En la magnífica entrevista que Ferran Monegal regaló a este medio uno de los mensajes en los que incidió es como TV3 se ha convertido en una maquinaria de propaganda para convencer a la ‘parroquia’ cuál es la senda correcta. Textualmente comentó que “sin los tamborileros, animadores y cheerleaders de Sant Joan Despí, difícilmente se podrá mantener la ilusión de llegar a Itaca”. Y es que la actual situación de crispación y de división social en Cataluña no se puede entender, en buena parte, sin el papel activo de esa cadena como elemento de ‘agitprop’.

Para los lectores poco conocedores del panorama mediático catalán Sant Joan Despí no solo es una laboriosa ciudad del área metropolitana de Barcelona. Es dónde TV3 y el resto de cadenas televisivas de la Generalitat tienen sus estudios centrales. Un lugar que, espero, siguiendo la moda de la memoria histórica algún día se reconvierta en un centro de interpretación del totalitarismo comunicativo.

Si el Valle de los Caídos ha de servir para recordar lo que fue la dictadura franquista, los estudios de TV3 deberían ser un monumento a la manipulación televisiva y cómo en una democracia occidental se utilizó una televisión pública para manipular a millones de personas y convencerles, en pocos años, que saltarse las leyes, ignorar a la mitad de sus convecinos y despreciar al resto de compatriotas del resto de España era el mejor camino para ser respetados en el mundo.

TV3 ha sido la principal herramienta de la coalición CUP – ERC – PDeCAT para señalar a los ‘buenos’ y ‘malos’ catalanes. No solo ha sido TV3, porque Catalunya Ràdio y el resto de emisoras de radio y televisión de la Generalitat – tal vez solo se salve Catalunya Música al ser una emisora que solo emite música clásica – han sido elementos de agitación en manos de estos partidos, pero dada su mayor importancia dentro del panorama comunicativo sí que ha resultado la más eficaz.

En buena parte de sus noticiarios, tertulias, programas de entretenimiento o de sátira política quedaba claro cuál era la ideología que ‘convenía’ a Cataluña y cuáles eran señaladas como perjudiciales. Había un camino ‘correcto’ y todos los demás eran incorrectos y, algunos de ellos, demoníacos. Ha resultado enternecedor que se calificara casi de fascista a la democracia española por la aplicación del 155 prácticamente desde toda la programación de todos los medios de la Generalitat – exceptuando, insistimos, desde Catalunya Música –, mientras ese ‘gobierno español’ malvado y totalitario ni siquiera se molestó en intervenir dichos medios públicos. Una ‘dictadura’ muy extraña…

Monegal definió la situación que se vive en los estudios de Sant Joan Despí como una “burbuja”. Y así es. Los partidos que gobernaban la Generalitat prometieron que el proceso secesionista no tendría costes económicos. Que la Unión Europa se rendiría a sus pies porque Europa no se podía permitir el lujo que Cataluña estuviera fuera del club comunitario. Qué el Gobierno catalán tenía creadas las ‘Estructuras de Estado’ para garantizar que la secesión sería rápida y eficaz. Nada se cumplió, pero nada de esto fue analizado en TV3 ni en sus medios aliados con un mínimo de rigor y objetividad. Porque la realidad no iba a impedir que el mensaje de los pastores llegara a sus feligreses. Y el camino a Itaca no admite disidencias ni, mucho menos, la verdad.

En TV3 y en el resto de cadenas de la Generalitat se han hecho cosas que si se hubieran emitido en otras televisiones públicas del resto de España se hubiera armado un cataclismo político. Un reportero se ha subido al capó de un coche destrozado de la Guardia Civil a dar saltitos. Un presentador de un programa de prime time vestía una camiseta de apoyo a un referéndum ilegal. Un prófugo de la Justicia ha emitido su mensaje de fin de año como si nada hubiera pasado. Una colaboradora quemó un ejemplar de la Constitución española y desde ese momento aumentaron exponencialmente sus apariciones – y su remuneración – en los medios públicos. Un entrevistador llamo a un ex terrorista convicto por asesinato ‘Gran reserva del independentismo”.

Hace tiempo que los medios de la Generalitat han perdido su condición de servicio público. En la democracia española, desde Suárez hasta nuestros días, y tanto en RTVE como en las televisiones autonómicas, siempre ha habido cierto nivel de influencia gubernamental, con mayor o menor intensidad según los dirigentes de turno. Pero lo que se ha vivido en Cataluña en los dos últimos años no tiene parangón. Es como si un virus se hubiera extendido por los estudios de Sant Joan Despí y hubiera nublado la mente de la mayoría de sus profesionales. No quieren darse cuenta, o les importa un comino, que cuándo la tormenta política baje el prestigio que han perdido TV3 y Catalunya Ràdio nunca lo recuperarán.

Más de media Cataluña les considera medios basura, herramientas totalitarias al servicio de una ideología que ha decidido excluir a millones de ciudadanos de la condición de ‘buenos catalanes’ o de ‘catalanes’ a secas. TV3 y Catalunya Ràdio ya no tienen futuro como medios de comunicación públicos, son el Valle de los Caídos de Cataluña, un vestigio a extinguir que solo se podrá aprovechar para mostrar en el futuro a los escolares en visitas guiadas a sus estudios los horrores de una época que se ha de olvidar, pero de la que se han de estudiar sus errores para no repetirlos.

(Nota del autor: Monegal, al que cito en este artículo, no tiene nada que ver con mi propuesta de reconvertir los estudios de TV3 en un centro de memoria histórica, es una ensoñación estrictamente personal, le cito porque un par de sus frases suyas las comparto y me han servido de pie, pero ni he hablado con él del tema y dudo que comparta mi criterio).

 

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