Ferran Monegal: “Si te declaras apátrida político, y no comulgas, entras en la lista negra televisiva de Catalunya”

 

Sergio Fidalgo y Ferran Monegal

Ferran Monegal es uno de los críticos de televisión más populares del ‘telehipódromo’ nacional. Fue el director y presentador de un espacio mítico en BTV, Telemonegal, que rompió las fronteras de una televisión local para ser referencia de los profesionales de este medio en toda España. Tras unos años sin cámara ha vuelto a la pequeña pantalla, a La Sexta.

Telemonegal está siguiendo la moda de miles de empresas y al final también ha cambiado la sede social de Barcelona a Madrid. ¿Por qué?

No ha quedado más remedio. Aquí, televisivamente hablando, no me daban ni agua. Los periodistas somos como los equilibristas del circo: necesitamos pista, que un empresario privado o un medio de comunicación público monte la carpa, te contrate, y te permita trabajar con cierto grado de libertad. Tuve que cerrar Telemonegal en BTV en el 2013 y casi cinco años después se ha abierto la puerta de La Sexta. Eso sí, he tenido la suerte de mantener, desde hace veinticinco años, mi columna en mi muy querido El Periódico, y también mis intervenciones en la radio en el programa de mi también muy querida Julia Otero en Onda Cero. Pero en el panorama televisivo de Catalunya, por ser considerado equidistante, y reconozco que me considero un apátrida, no de la gente pero sí de la política, me quedé sin ‘pista’ televisiva. Estoy en esa especie de lista negra, ya bastante abultada, de los que no comulgan.

¿Y qué ha pasado en el mundo audiovisual catalán para que un profesional tan reconocido como usted esté en la lista negra?

El mundo audiovisual catalán tiene muy poca energía, sobre todo tras el intento fallido de crear una alternativa privada a TV3 desde 8TV. Yo esperaba que se consolidara, más que nada por la buena salud mental del país, para aumentar la pluralidad. Pero no va por ese camino, y por eso el panorama televisivo del país está prácticamente dominado por la Corporación Catalana de Radio y Televisión, es decir TV3, Canal 33 y el resto de cadenas de la Generalitat. Y lo que debía ser la televisión nacional de Cataluña se ha convertido en la televisión de una parte de los catalanes. Han abrazado la misa, la fe y la eucaristía de una parroquia ideológica determinada. Y los que no formamos parte de esta religión, porque no creemos en ninguna y porque somos ateos, sencillamente no existimos.

¿Cuál es el estado de salud de TV3?

El estado de salud de TV3, en lo económico, ahora es delicado. Con la aplicación del artículo 155 las cuentas de la Generalitat están intervenidas. Eso complica enormemente la aportación de partidas extras de dinero público. Antes las inyecciones monetarias fluían que daba gusto: los amos, o sea, el Govern, engrasaba su correa de transmisión, particularmente TV-3, con mucha alegría.

Ferran Monegal

¿Ahora lo tienen más difícil?

Exacto, ahora la situación se les complica. Hay que rendir más cuentas y se miran los gastos al milímetro. Y la aplicación del IVA a las subvenciones públicas –cuidado, no solo a TV-3, también al resto de cadenas autonómicas–, ha provocado graves problemas de cara a la programación de TV3 del 2018 y 2019. Eso ha motivado que el director, Vicent Sanchis, se haya quejado amargamente que no tiene dinero para nuevos programas. Va a ser algo sorprendente, hasta pintoresco si no fuera tan triste: es como montar una fabulosa jamonería pero son tan altos los gastos generales de la empresa que no puedes poner ni un jamón a la venta. Vas a Sant Joan Despí, ves el cartel de “Jamonería TV3”, entras, y resulta que entre los gastos de personal y las nóminas, no queda dinero para jamones. No sé qué diablos van a vender. Una tele sin programas. La tortilla sin huevo.

Lo que es realmente meditable es que una cadena de televisión con cerca de dos mil trabajadores tenga que depender de los programas de producción externa. Ser motor del sector audiovisual externo es una cosa hermosísima siempre que se adecue la estructura interna y se racionalice.

Algún día habrá que hacer un análisis detallado de las productoras que siempre han trabajado para TV3. Hay cuatro o cinco que son tótems, que siempre han estado en el ‘reparto’. Cuando se sacan las bolas de los agraciados en el sorteo, hay algunas empresas que siempre ven su ‘número’ premiado. Pero tal y cómo está la situación, de momento, parece que no hay dinero ni para contratar a los amigos. De cualquier forma pronostico –y no soy adivino—que el regreso de la fluidez monetaria a TV-3 se arreglará antes de lo previsto. Lo apunté el otro día en mi columna de El Periódico: sin los tamborileros, animadores y cheerleaders de Sant Joan Despí, difícilmente se podrá mantener la ilusión de llegar a Itaca. La maquinaria de TV-3 es prioritaria para el Govern. Volverán a tener dinero para jamones. Seguro.

Josep Cuní, uno de los periodistas que más influencia ha tenido en el seguimiento de las campañas electorales en Cataluña, ha visto la del 21D, una de las más decisivas de las últimas décadas. Ahora, sin micrófono, ni cámara, ni plató propios, ¿cómo cree que lo estará viviendo?

Para un periodista que ha estado en primera línea como Cuní ha de ser duro estar en su situación en un momento de máxima tensión informativa, con el 1 de octubre, la huida a Bruselas… Hace unos días le vi, esporádicamente, de tertuliano en TV3. Cuní ha sido una de las grandes estrellas de esa casa, como director y como conductor de debates. Tener que ir ahora a la televisión, el día que te llamen, y para hablar un ratito, demuestra la humildad y lo quebradizo de nuestro oficio. Montaigne decía “la vida es ondulante”. Sí, sobre todo la nuestra, la de los periodistas.

¿Su espacio en La Sexta recoge el espíritu de Telemonegal?

Absolutamente. El nombre de ‘Telemonegal’ les parecía una marca mítica, pero muy vinculada a la etapa anterior, y para actualizarla le estuvieron dando vueltas a distintos nombres, y Eva Cabrero, la directora de La Sexta Noche, me sugirió ‘Monegal sin filtros’ y me pareció muy oportuno. Y como soy fumador, me pareció aún más agudo.

¿En qué consiste?

Lo que hago dentro de La Sexta Noche es casi un programa. Son 45-50 minutos de repaso de lo que hacen las diferentes cadenas. Es cierto que, al estar dentro de un programa político, me centro más en el análisis de los temas políticos en programas informativos, reportajes, crónicas…

¿Qué margen tiene?

Tengo la más absoluta libertad. Es más, los contenidos de ‘Monegal sin filtros’ no los conoce nadie hasta cinco minutos antes de comenzar el programa. El ‘feeling’ con el presentador, Iñaki López, ha sido total desde el primer día. Y me siento respetado. Eso no tiene precio.

¿Puede analizar hasta los contenidos de A3Media, propietaria de La Sexta?

Una de las primeras intervenciones mías estuvo basada en que la crítica bien entendida comienza por el propio imperio que te emite, y escogí un corte de un programa especial sobre Cataluña en Antena3. También La Sexta, naturalmente, pasa por mi análisis crítico.

Hace unos días explicó en su columna en El Periódico el caso de Rosa Maria Sardà. Esta actriz fue a Al rojo vivo, habló sobre la situación política en Cataluña, y el sector nacionalista le linchó en las redes sociales. Y luego el programa de TV3 Polònia se apuntó a la fiesta e hizo un gag muy poco elegante parodiando a Sardà. ¿Ha perdido este programa satírico cualquier clase de equidistancia?

Lamentablemente es así. Yo era un gran fan de Polònia, y lo sigo siendo, pero me entristece que se hayan sumergido en la trinchera. Antes, y no hace mucho de esto, mantenía ese equilibrio en el momento de repartir los bastonazos. El arte de la sátira es saber repartír la mordida.

¿Qué ha pasado?

La situación en Cataluña se ha polarizado y TV3 trabaja como una máquina solamente al servicio de una idea concreta. Vive en una burbuja enquistada en una idea, y Polònia también ha sucumbido y vemos que temas que los podría tocar de manera hilarante, cómo todo lo que ha pasado en Bruselas, los tocan con el tamiz de víctimas. Van a la ópera, pasan fines de semanas en chalets extraordinarios, pero en la burbuja de Sant Joan Despí son tratados como víctimas.

Han perdido la equidad.

En cambio todo lo demás es el 155. Los no comulgantes son equiparados al 155, los que somos ‘ateos’ y no seguimos la senda que un determinado sector ideológico marca nos señalan como si fueramos una especie de ‘malos catalanes’. Y, lamentablemente, personas como Joan Manel Serrat o la misma Rosa Maria Sardà, que han expresado una idea distinta a la que interesa imponer, han sido llamados de todo. A ella la han dicho en las redes sociales “borracha”, “botiflera”, “momia” y un rosario de insultos sin justificación. Triste, muy triste.

¿Cómo fue lo de Polònia?

En un gag le entregan a Soraya Saenz de Santamaría la cruz de Sant Jordi que devolvió Rosa Maria Sardà por no estar de acuerdo con el rumbo de la Generalitat actual, y que tenía su nombre grabado. Y una de las actrices de Polònia le dice a Soraya “Es que Rosa Maria Sardà es un anagrama de Soraya Sáez de Santamaría”. Es una manera de asimilar a Rosa Maria Sardà con los “malos” que han venido con el 155. Si en los próximos años las facultades de periodismo quieren hacer una labor interesante invito a que se analicen cómo todo el aparato de TV3 se ha transformado en una fabulosa máquina de agitación y propaganda. Y alguien deberá analizar el grado de influencia que han tenido los tamborileros de Sant Joan Despí en todo el procés. En cómo una idea política, una idea determinada de país, tan respetable como otras, ha sido transformada en credo, en la religión verdadera y única. Todo el ‘apparat’ que conforma los medios de comunicación de la Generalitat ha funcionado como una gran empresa o agencia de publicidad al servicio, e impulso, de una determinada ideología. TV-3 ha perdido, conscientemente, la transversalidad. Se dirige solo a una parte del país.

¿Hay algún programa en TV3 que sea un oasis dentro de tanto ‘pastoreo’?

No hay oasis en las guerras. Hay trincheras. Los espectadores, la audiencia, vivimos emparedados por las dos grandes cadenas públicas: TVE y TV-3. En La Sexta Noche, en ‘Monegal sin filtros’, suelo hacer el ejercicio –que ya hacía en Telemonegal—de comparar informativos. Los Telediarios (TVE-1) con los Telenotícies (TV-3). Mismo día, misma hora, misma noticia, y resulta que la noticia no parece la misma. Ves y escuchas cómo te la cuentan en el Telediario de las 21 horas, y en el Telenotícies vespre, y si no tomas precauciones puedes acabar ingresado en una clínica. Las interpretaciones no es que sean variadas, son totalmente divergentes. No coinciden ni en los datos. En todo el telehipódromo la única cadena que se ha transformado en referente informativo es La Sexta. Lo han conseguido en un tiempo récord. No son perfectos. Cabe la crítica. Pero hay un hecho incuestionable que reflejan los audímetros: ante un suceso relevante, sobre todo político, una notable parte de la audiencia sintoniza esta cadena para informarse.

¿Lo dice por los maratones qué se pegan Ferreras y Ana Pastor?

¡Ah! Lo de Ferreras es colosal, sí. Se ha llegado a especular sobre si tiene un plegatín en Al Rojo Vivo para no tener que abandonar el plató ni para dormir. Pero la verdad es que en todo el tema de Catalunya, por ejemplo, de todas las cadenas de ámbito español La Sexta es la única que ha estado al pie del cañón informativo. Permanentemente. Por supuesto, criticada aquí por sectores de la parroquia, que la acusan de ser pro 155, y en Madrid por sectores ultras que la tachan poco menos que de independentista. La Sexta ha conseguido algo importante, cambiar los hábitos de la audiencia en muy poco tiempo. Antes, cuando pasaba algo importante y querías estar informado, ibas a La Primera. Ahora buena parte de la audiencia escoge La Sexta. Y es que las sesiones maratonianas de Ferreras y Ana Pastor han funcionado. Por ejemplo, TVE el 1 de octubre no emitió en directo. Les aterra el directo. El directo no lo pueden manipular. Entre esta no-visión, ocultación, sordera, que tiene TVE, y la tendenciosidad de TV3, La Sexta disparó sus audiencias consolidándose como la alternativa informativa de referencia.

No solo La Sexta ha aumentado la audiencia, también TV3…

Naturalmente. La parte de Catalunya a la que TV-3 ahora sirve es muy fiel a la cadena de Sant Joan Despí. Supongo que cuando baje la tensión informativa las audiencias volverán a la normalidad. Antes la normalidad era que TV-3 ganaba por dos décimas a Tele 5. Incluso hubo meses en que fue Tele 5 la que ganó por dos décimas a TV-3.  Pero el procés ha dotado a TV-3 de una bolsa de audiencia fiel de más de un millón, quizá dos. Y los fieles tienen eso, que son “fieles”, por eso cuando llegan a casa le dan al botón de TV3 y no al de otras cadenas que la polarización político-religiosa ha conseguido que se consideren “extranjeras”. Así está el patio televisivo.